sábado, 27 de julio de 2013

Capítulo 27 - Las Voces

Apenas cerré el teléfono comencé a hiperventilar. ¿¡Qué mensaje fue ese!?, regresé corriendo a la cafetería para tomar las llaves de la vespa, a lo que Rafael tomó mi brazo antes de llegar a la esquina del callejón. 


- ¿Tú donde crees que vas??- dijo mientras me arrastraba de regreso. 

- ¿Cómo que a dónde?- espeté tratando de zafarme- ¡donde Leo! 

- ¡No vas a ninguna parte!- me tomó el otro brazo y comenzó a sacudirme para tratar de hacerme entrar en razón – yo iré y tú me esperarás.

- ¿Me estás tomando el pelo? – traté de liberarme- no es asunto tuyo.

- Si te vas a arriesgar innecesariamente, ¡entonces si lo es! 

- ¿Qué tiene de innecesario?

- ¡Perfectamente puedo ir yo!

- Es MI compañero- dije enfatizando- así que claro que voy, ¡acaso no escuchaste la explosión! – me sacudí con toda mi fuerza- y suéltame quieres.

- ¡Pero es que no puedes ser tan tonta! – me gritó mientras soltaba el agarre.

- ¿perdona?

- ¡Es una trampa! – comenzó a gesticular en el aire medio desesperado.

- ¡Tú crees que no lo sé! – 

Se quedó pasmado ante mi comentario, obvio que era una trampa, por qué otro motivo me estaría llamando sólo para decirme que no fuera, la interrogante era el porqué de la trampa y quien la estaba tendiendo. 

- Es hora de acabar con esto- Dije caminando hacia la cafetería, 

Tomé las llaves que dejé en la caja ante la mirada de sorpresa de Javier, mi cara tiene que haber sido demasiado extraña porque él se agachó y me pasó el casco sin decir nada. Crucé la mampara de entrada y marqué el número de Raissa. Dos tonos y contestó. 

- Tenemos una situación- dije apenas contestó, sin perder la calma en mi voz.

- ¿Qué tipo de situación?- preguntó con una voz algo inteligible.

- Nos están tendiendo una trampa – escuché el sonido del agua, un enjuague y finalmente la voz clara.

- ¿Dónde?- 

- En el departamento de Leo – le contesté en el tono de “No preguntes más, es obvio”

- Voy para allá- 

- Nos vemos

Colgué y aceleré a fondo. 

***

Cuando recuperé la consciencia plenamente, al abrir los ojos lo único que pude notar fue el humo a mí alrededor, estaba en mi living atado a mi silla, si tan sólo pudiera alcanzar la base de esta. Me encontraba aún algo mareado por la droga que el tipo me dio para arrastrarme al departamento. 

Vagamente recuerdo como me interceptó un vendedor en la tienda para ofrecerme un perfume de mujer, recuerdo que dudé un segundo en verlo como alternativa de regalo, y le pedí un tester para tomarle mejor el aroma, era un olor tan dulce como las fresas. Lo siguiente que sé es que alguien me arrastra por un estacionamiento y me tapa la cara, recuerdo una oscuridad en movimiento, y el momento en que me descubren la capucha cuando estábamos en la puerta de mi casa, tengo la imagen en la cabeza de alguien haciéndome preguntas sobre como pasar la seguridad mientras me sacudía como si fuera de papel y me vi a mí mismo contestando con todo detalle sin oponer ninguna resistencia. 

De lo último que recuerdo es el cómo llamaba a Aixza desde mi teléfono gritándole que no viniese, intenté gritarle que no hiciera caso y sentí una mordaza en mi boca, al tiempo que él encendía en llamas mi departamento. 

Sólo espero que se diera cuenta de la trampa. 

***

Nunca había encontrado tan largo el camino al departamento de Leo, las calles se hacían eternas y los semáforos siempre en rojo, como en la pesadilla donde corres y no avanzas nada, llenándote de esa angustia e impotencia que nace desde la garganta y no te deja respirar, todo ocurría tan desesperantemente lento, podía ver cada cuadro en slow motion y mil ideas pasaban por mi cabeza, diferentes teorías de lo que había sucedido, me imaginé a Leo en el suelo bajo una pila de escombros, también imagine una pelea y que al llegar estaría con el motociclista completamente reducido, porque estaba segura de que él estaba detrás de esto, y también detrás de todas las cosas que nos habían pasado en los últimos meses, y sólo por hacer una apuesta más alta, también creo que está detrás de la desaparición de nuestros guardianes.

La peor interrogante era la que de seguro nadie me contestaría con facilidad. ¿Para qué? 

Estaba a dos cuadras de llegar cuando vi el humo, una columna negra que se expandía por el cielo y su punto de origen era prácticamente inconfundible. 

El edifico de Leo.

La luz dio verde y acelere lo más que pude, el siguiente semáforo estaba comenzando a cambiar cuando lo atravesé sin siquiera preocuparme, tenía que llegar, debía llegar. 

Estacioné en la puerta, me saqué el casco y revisé mi teléfono, Raissa me había enviado dos mensajes mientras manejaba. 

“Apuesto a que estás desarmada, me llamó Ángelo y me pasó a Rómulo y Remo”
“Atenta, no sabemos lo que pueden hacer”

¿Sin armas? Eso era lo que ella creía, me saqué el guante y comencé a avanzar hacia el edificio esquivando a la gente que huía de este, corriendo por la escalera a toda velocidad. 

****

Por más que me movía no era capaz de liberarme de lo que me ataba, a punta de esfuerzo logré deshacerme de la mordaza que tenía, avancé un metro hacia el sofá arrastrando la silla, si tan solo pudiese darla vuelta…

Intenté sobrecaletar las cuerdas pero era inútil, la cubierta de metal lo único que lograba era quemarme a mí y no estaba seguro de ser capaz de derretir la cuerda antes de quemarme la muñeca. Quizá si pudiese derretir otra cosa, podría liberarme. 

- Yo que tú no lo intentaría – escuché una voz en la neblina pero no pude identificar quien era.

- Veamos que si arreglamos esto como caballeros – la sombra se volvió menos difusa y poco a poco comenzó a tomar forma.

- Eso sería jugar limpio- avanzó un par de pasos hacia mí- y si no te diste cuenta, prefiero saltarme un par de reglas – agregó con una pequeña risa.

- Al menos deja ver la cara del que tendré que patearle el trasero cuando me libere- comencé a tocar la pata de la silla con el dedo. 

- Si te liberas- intentó corregirme apuntándome con una katana. 

- No apuestes en mi contra muñeco, mira que yo juego a ganador- me tomaría demasiado derretir la pata con sólo mi dedo, pero tenía que intentarlo. 

- Lo veo difícil dada tu posición- apoyó su katana al hombro dándome la espalda. 

- Recuerda que ya te quitamos una katana- el calor ya había atravesado mi guante, ahora estaba en contacto directo con la silla. 

- Te equivocas, esta es la que ustedes me quitaron- dijo enseñándomela con más cuidado. 

Puso el arma en frente de mis ojos y pude notar que efectivamente era la misma que le quitamos en el museo hace unas semanas, el mismo mango negro con caracteres rojos a lo largo, la misma hoja que tenía un ligero destello dorado en el centro y con la misma marca de fuego en el marco, después de que yo la quemara al tacto derritiendo una pequeña parte. 

- Pero cómo es posible, esa estaba con… - no puede ser…

- Exacto, estaba en la cafetería de Aixza. 

***

Leo tenía que tener la mala idea de vivir en un piso 12, con el incendio los ascensores estaban inutilizables y no me quedó más remedio que subir por las escaleras de emergencia, las cuales se hicieron eternas, cada peldaño era más pesado bajo mis pies que el anterior, cada piso era más lejano y comencé a marearme con tanto dar vueltas en subida, pero hice caso omiso del cansancio y sólo seguí subiendo. 

Mientras me más acercaba al piso, el humo se hacía más denso a cada instante y me costaba respirar, a la distancia comencé a escuchar las sirenas de los bomberos.

A punta de instinto me envolví en una capa de aire lo más frío que pude lograr, pero la falta de oxígeno no me estaba ayudando, sobre todo porque la escalera no tenía ningún ducto de ventilación del que pudiera aprovecharme para extraer aunque fuera una pequeña corriente, sólo me quedaba seguir subiendo y rezar por la ventana más cercana. 

***

El caos en la calle era tangible, las sirenas de los bomberos las comencé a escuchar a varias cuadras de distancia. Y la multitud comenzaba a aglutinarse en a los pies del edificio, haciendo imposible que me escabullera entre la gente para entrar.

Vi la vespa amarilla de Aixza estacionada a un costado y el casco en el suelo, lo recogí y lo guardé en mi jeep. La multitud comenzaba a especular con teorías sobre el inicio del fuego, los comentarios iban desde fugas de gas hasta un laboratorio terrorista. Si conocieran el departamento de Leo, estaba segura de que apuntarían a él. 

De cualquier forma, todo indicaba que no sería tan fácil entrar como pensaba mientras venía en camino, sólo me quedaba esperar a que alguien dudara aunque fuera un instante, en dejar de vigilar la entrada.

****

Cuando ya estaba en el onceavo piso escuché una nueva explosión, corrí a todo lo que daban mis piernas y lo que quedaba de mis pulmones. 

Al llegar al pasillo del piso vi la puerta de Leo explotar y golpear secamente la pared del impulso, todo acompañado de una ráfaga de llamas que provocó que mis instintos de supervivencia se activaran impulsándome a salir huyendo, pero me contuve, no había llegado hasta acá para fracasar. 

Cuando las llamas se aplacaron un poco aproveché el poco aire que había en el ambiente para generar una corriente que me envolviera y comencé a avanzar. 

- ¡Leo!, ¡Leo! – grité mientras tosía, el humo era demasiado denso y mi cascarón no estaba ayudando mucho. 

Escuché un pequeño derrumbe al fondo del pasillo y volví a gritar su nombre, comenzaba a perder la esperanza cuando lo escuché contestar. 

- ¡¡Te dijo que no vinieras!! – identifiqué instantáneamente la voz de Leo.

- Acaso no la conoces, eso es todo lo que necesitas decirle para que ella venga – dijo una segunda voz, que me resultaba familiar pero no pude identificarla. 

- ¿Quién es? – Pregunté mientras avanzaba lo más silenciosamente posible hacia la entrada del departamento, cuando logré llegar a la puerta todo lo que pude ver fue humo. 

- ¡Vete!- gritó Leo desesperado y al tiempo escuché un crack y un sonido seco cayendo -¡sale de aquí!

- Ufff Leo Leo, tranquilízate, o vas a perderlo– lo amenazó la voz con una pequeña risa.

- El calor es mi elemento, no soy yo quien tiene problemas

- Sí, pero no es el de ella. 

En ese momento sentí una briza hirviendo que se aproximaba hacia mí, en un acto reflejo me acoracé en una capa de aire prácticamente congelado y lo empujé hacia el otro extremo, escuché a Leo gritar y lo dirigí en círculo evitando el lado en el que escuche la voz de Leo, pero cuando estaba a 270° volví a escuchar la voz de Leo gritar, en un grito que me rompió el alma. 

Me desenvolví de mi coraza para avanzar hacia Leo, pero nuevamente no podía ver nada. 

- Su talento es imitar voces, no creas en lo que escuchas- me advirtió la voz. 

- ¡Cuidado! Detrás de ti – una nueva voz de Leo me advirtió.

Al escuchar dos voces idénticas no supe que hacer, sentí como el aire comenzaba a acabarse y a punta de instinto me agaché, recordando de alguna antigua clase o película que el humo subía y si quería encontrar la más mínima corriente, mi mejor alternativa era mantenerme agachada.

Apenas baje la cabeza otra ráfaga de fuego pasó exactamente donde yo estaba. 

Me arrastré un par de metros más tratando de no hacer ruido, pero a cada momento era más difícil respirar, me sorprendía que no hubiese estado todo ya irrespirable. Tenía que ganar tiempo mientras pensaba en algo, comencé a pensar los pasos en mi cabeza; paso 1: Identificar cual era Leo, pero el de verdad, paso 2: tratar de separarlos, paso 3: rogar por un milagro. 

Lo primero era lo primero, tenía que mantenerlos hablando, era la única forma de identificar al verdadero, así que comencé a hablar mientras me movía silenciosamente por lo que quedaba de piso.

- ¿Estás herido? – pregunté.

- ¡Sí!- un sollozo ahogado a la derecha.

- No tan grave – contestó el evidentemente verdadero en la misma derecha. 

- Ayúdame – volvió a quejarse mientras yo me movía lentamente por el suelo tratando de diferenciar el origen de las voces.

- ¡Sigue hablando!- grité apuntando mi grito hacia la pared al tiempo que me movía en dirección contraria para que el sonido rebotara y los confundiera

- ¡Vete!- un nuevo grito y otro crack en la misma dirección donde yo estaba dos segundos antes. 

- ¡¡Aixza!! – un llamado de atención de Leo, 

- ¡¡Lárgate!! – una orden del mismo Leo. 

Debería haber actuado cuando aún eran distinguibles, ahora sólo tenía dos Leo gritando mi nombre y diciéndome que me alejara, y tosiendo al mismo tiempo, necesitaba algo más de información, había algo que necesitaba saber antes de continuar con esto.

Tenía que saber que mi Leo, el Leo que yo conocía, era al menos una de las voces que estaba escuchando.

Empujé el aire con todo lo que pude para despejar el humo y las llamas, que no me dejaban ver nada, sólo necesitaba comprobar que estaba vivo y hablando, para eso no era necesario que utilizara toda mi energía, sólo la suficiente.

Sólo tenía una oportunidad. 

Me puse de pie, me concentré y enfoqué mi energía hacia donde había escuchado las voces por última vez, sentí la corriente en mi mano y di un latigazo en esa dirección. Cuando el humo se disolvió lo vi. 

Leo. 

La visibilidad se nublo prácticamente de inmediato, dejándome nuevamente entre una cortina de humo, pero vi lo suficiente como para aumentar mi angustia en niveles desproporcionados. 

Estaba atado a una silla, con ambas manos a la espalda y las piernas atadas en frente de él. Más bien dicho, estaba unido a lo que quedaba de una silla, ya que una de las patas de esta estaba doblada, dejando a Leo en el suelo. Su cara estaba ensangrentada, una vez más, y los pocos parches que le quedaban a medio salir. Una imagen que me descontroló. 

A su lado vi al motociclista, sin ninguna intención de separarse de él, estaba con el casco puesto y una katana amenazando directamente a Leo. No estaba segura, pero podría jurar de que era la misma que le quitamos en el museo, la misma que se supone estaba segura en mi oficina.

- ¿Te gustó como está el huésped de honor? – el falso Leo preguntó

- Más te va a gustar como te dejemos después a ti – contestó Leo

- ¡Vas a terminar matándonos a todos! – le grité seguido de varios tosidos 

- ¡¡Aixza vete de aquí!!

- Aixza te dije que no vinieras, ya veré como escapo. 

No me servía de mucho hacerlos hablar, ambos comenzaron a repetir la misma ronda gritos diciéndome que me marchara, que no creyera en lo que escuchaba y que no me preocupara. 

Entre los gritos sentí varios pasos a mi espalda, cada vez más cercanos pero de una dirección diferente a la de Leo y el Motociclista, pensé seriamente en atacar y después preguntar, pero el impulso bajó drásticamente y eso me confirmó lo que yo creía.

Expandí la caparazón de aire unos metros más a mi espalda para ayudarla, cuando estuvo junto a mi reafirmé mi teoría. 

- Te tardaste en llegar – le recriminé mientras la acorazaba bajo el aire frío. 



- Problemas técnicos- me contestó Raissa pasándome una máscara mientras se pegaba a mi espalda.

4 comentarios:

  1. Ahora si que empezó de intriga... Buenisimo. Ya espero por el proximo.

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  2. hola me gustoooo muchooo el capitulo pero tengo una duda va haber una relación amorosa????? y con quien sera por que yo pensaba que era con su guardian y ahora creo que es con leo y luego creo que con ninguno pff no entiendo pero yo quiero y espero que sea con su guardian :)

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    1. Hola Sel!
      Sólo te puedo decir que sí existirá relación amorosa, con quién, eso no puedo.
      pero paciencia, paciencia =)
      Cariños!!!
      Catapzia

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