domingo, 9 de junio de 2013

Capítulo 23 - El Castigo

Sabía que esto pasaría una vez que supieran eso. Al menos la reacción de Raissa fue exactamente la que esperaba, si olvidamos que casi rompe una lámpara al pararse del sillón de la impresión. 

Aixza por su lado, tenía nuevamente en su cara esa mirada de duda e impotencia, la que de seguro me haría merecedor de una cachetada alguna vez, pero en vez de irritarse se concentró más aún en el vaso que tenía enfrente. 

- No pede ssser-dijo Raissa después de unos segundos, parecía al borde de un ataque nervioso o de necesitar correr al baño- ¿Cómo puede sser?

- De la misma forma que yo estoy acá con ustedes – dije, a lo que Aixza se llevó el vaso a la boca y bebió de un sorbo.

- ¿Golpeado?- dijo sonriendo sin quitar los ojos del vaso vacío. 

- No Aix, por una profecía, pero no voy a entrar en detalles porque ni yo sé mucho de esa historia, mi padre nunca quiso que supiera mucho- y por más que intenté que me lo contara… 

- ¿Crual prrofezzía? – Raissa se afirmaba de los brazos del sillón como si tratara de no salir disparada, mientras intentaba enfocar su vista en nosotros.

Los efectos del alcohol comenzaban a hacerse más notorios en ambas y a la ansiedad cuasi controlada de Raissa me tocó sumarle a Aixza parándose y sentándose cada un segundo, y pegándole a todos sus muebles en cada intento. La tomé de los brazos y traté de hacer que sus ojos se enfocaran en mí. 

- ¿Por qué no te tomas un café y cuando tengas conciencia te cuento?

- ¿Por qué no te unes a la fiesta chico puchingball – Aixza le quitó la botella a Raissa y la empinó hacia su propia boca- 

- Wooo wooo tranquila – le saqué la botella de las manos, y ella se abalanzó sobre mí para recuperarla- ¿A qué viene esto?

- Bueno, si no me vas a explicar, creo que tengo que encontrar que hacer con mi tiempo ¿No crees?

- ¿Quién dijo que no te iba a explicar?- elevé la botella en el aire.

- ¿Quién dijo que no puedo escuchar y beber? – dio un salto y sacó la botella de mis manos, para estar considerablemente ebria, modulaba demasiado bien…

- Dre acuerrrrdlo, yo los aranronadré, cgreo que nnno esssss normal que vea cuadro perrrsssonassss- Raissa se levantó del sillón y dio dos pasos para golpearse directamente en el muro que daba al pasillo del departamento. 

- ¿Pero dónde vas? – Aixza se acercó hacia ella a tropezones y la abrazó- ¡Somos como los Simpsons!, ¡Tú eres Lisa, acá esta Bart y yo soy Maggie! ¡Porque soy completamente ignorante y no puedo hacer absolutamente nada!

- Pequeña, porque no te calmas…- me acerqué hasta ella y le tomé el brazo

- Pero Leo, ¿No es este tu ambiente?- ella se sacudió y dio dos pasos hacia atrás.

- Para…

- ¡Es perfectoooo, dos hermosas chicas borrachas y sólo para ti!

- Okeeey, yo mmme voyyy, mme acostarrré en la prrrrimera cama quee vrea- Raissa desapareció por el pasillo dejándonos solos.

- ¡Tal como a Leo le gusta, asegúrate de estar lista!- le gritó Aixza y se sentó en el brazo del sofá.

- ¡Aixza para! – la sujeté antes de que se fuera hacia el lado, y al levantarla quedamos frente a frente, sus ojos verdes y vidriosos mirándome con furia y algo más. 

- ¿En serio?- entrecerró los ojos y tomó mi mano que estaba en su mejilla

- En serio…- no pude moverme

- ¿Y si no quiero?- sacó mi mano de su cara y se levantó de nuevo.

- Pequeña, por mucho que creas que puedo sacar provecho, créeme que no me conoces. – la seguí hacia el balcón. 

- ¡Responde! – se giró para quedar de espalda a la baranda y mirándome de frente

- Vas a tener que querer, porque nada va a pasar entre nosotros, ni tampoco con Raissa si eso es lo que estás imaginando- le dije mientras sacaba un mechón de cabello de su rostro, corría viento y la piel se le había congelado.

- Ya veo que no mezclas negocios y placer- dijo sarcásticamente y se dio vuelta

- Te equivocas- me puse a su lado- no me aprovecho de la gente, que es muy diferente. 

- ¿Por qué te frenas?, es gratis. 

- No pequeña, todo tiene su precio y mañana te vas a arrepentir de estar diciéndome esto. 

- ¿Cómo lo sabes?

- A diferencia tuya, yo si conozco a mi compañera…- la tomé en brazos olvidándome por un minuto de todos los parches que cubrían mi cuerpo- te llevaré a dormir y veamos con cuanta conciencia despiertas mañana. 

La dejé en su cama y le saqué los zapatos, ella no opuso ninguna resistencia, sólo me miró confundida. 

- ¿No te gusto?- 

Ufff pensé, de eso si se arrepentiría al día siguiente. Se veía tan frágil, como si la persona capaz de esquivar dagas y manipular el viento fuese alguien totalmente distinta, como si la mujer que se enfurece cada vez que se ve en desventaja de información hubiese desaparecido para dejar frente a mí a una persona completamente diferente. 

- Sabes pequeña, si algún día llega a pasar algo entre nosotros- la tapé completamente y apagué la luz- va a ser cuando estés completamente sobria... 

Cerré la puerta y deje el apartamento antes de que pudiera reaccionar a lo que le dije. 

****

El sol me llegó directamente a la cara esa mañana, di un par de vueltas tratando de evitarlo, había olvidado por completo cerrar las cortinas antes de acostarme. 

Antes de acostarme…

- ¡Mierda!

Me senté en la cama tan rápido que mi cabeza comenzó a girar inmediatamente y un golpeteo irreproducible se desataba dentro de ella. La resaca me estaba matando. Pero más que la resaca, lo peor era la vergüenza, comencé a recordar en fotoramas lo que había pasado la noche anterior, peor, comencé a tomar consciencia de lo que había dicho la noche anterior. 

- Shhhh Shhh, silencio, estoy tratando de hacer café acá adentro- 

Me gritó alguien desde la cocina, me levanté lentamente y caminé con una mano en la cabeza, apenas di el primer paso sentí como si me hubiesen dado con un bombo en la nuca, ¡Dios como dolía!, caminé tan lentamente que un bebe de meses me habría rebasado fácilmente, cuando llegué vi que Raissa tenía ya preparados dos tazones y unas tostadas. 

Su rostro no era mejor del que imaginaba tenía yo, las ojeras eran considerables y ella también tenía una mano en la cabeza. El mismo bombo nos había golpeado a las dos. 

- No te mires en el espejo, no te va a gustar lo que vas a ver- le dije mientras tomaba con ambas manos mi café- mmmmmm – que buen aroma tenía…, tan bueno que me dio miedo tomar un gran sorbo, sólo por prevención de quemarme y tener la lengua dormida todo el día. 

- Ja, peor que el tuyo no puede ser- comenzó a untarle mantequilla a su tostada- ¿Hasta qué hora se quedaron?

- No hasta tanto después-la verdad no tenía idea, y estaba intentando no recordar más de la noche anterior- tengo jamón por si quieres. 

- No gracias, soy vegetariana. 

- ¿Queso?

- Eso sí, gracias- 

Mientras cortaba el queso traté de pensar en que conversar con ella, la verdad es que la conocía hace tan poco que no había absolutamente nada de lo que pudiésemos hablar, y para ser sincera no sentía la misma afinidad que sentí con Leo desde el primer momento, aunque claro, eso es otra historia. 

Con Leo… ¿Qué pasaba con Leo?, esa pregunta me estaba carcomiendo casi tan fuerte que lo que sea que estuviese pasando con Giles, claramente con Giles la respuesta a esa pregunta había sido contestada meses atrás, y lo que pasaba con él de verdad, sólo podría ser contestado cuando llegase el padre de Leo y nos diera algunas respuestas, si es que las tenía. 

Pero con Leo… con Leo tenía mis propias preguntas que no podía contestarlas nadie, nadie más que yo…

Una pregunta, sólo una pregunta tenía que salir de mi boca para no transformar este en el desayuno más incómodo de la historia, había algo que daba vueltas por mi cabeza, pero mi orgullo no me dejaba preguntar, me quedé con la vista fija viendo la pared donde se juntaba la cocina y el comedor, bajé la vista mientras tomaba un sorbo del café mirando el suelo, cuando vi varias pelusas de polvo pegadas a la pared, no me había dado cuenta de lo sucio que estaba el departamento, hace varios días que había olvidado dedicarme a limpiar un poco, hace varios días que había dejado olvidadas bastantes de mis obligaciones, no sólo con el departamento y la cafetería sino que también con mis vecinos y mi tradición de comer con ellos al menos una vez a la semana. 


Raissa me miraba mientras yo seguía pensando en qué conversar con ella, ella que daba la impresión de saberlo casi todo con respecto al juego y encontrar evidente lo que yo desconocía, era agotador estar siempre preguntando lo que otros daban por sabido, pero la misma pregunta rondaba mi cabeza con más intensidad a cada momento. De un impulso que no supe de dónde vino lo solté. 

- ¿Qué es eso de la alfil del castigo?

- Con que eso era… - dijo soplando su taza sin sacar la mano de su cabeza.

- ¿Qué?

- Eso era lo que estabas dudando, sobre si me preguntabas o no- comenzó a pasar la mano por su frente lentamente- créeme que no es entretenido influenciar con resaca, mi cabeza me está matando.

- ¿Cómo que influenciar?

- Es mi habilidad, controlo los impulsos, sentí como te debatías en preguntar o no preguntar algo, así que te di un empujón – la miré ceñuda – no me mires así, imagino que no quisiste preguntarle anoche a Leo así que no te preocupes. 

- ¿Entonces?- si escarbó en mi cabeza, al menos que me diera la respuesta. 

- Es algo que pasó hace no tanto tiempo, yo diría unos 20 o 30 años. ¿Te explico tu guardián que nosotros no nos podemos ver en persona más que una vez?- asentí- bueno, hace un tiempo eso no era así, siempre ha estado la regla de no enamorarse con tu guardián, pero antes si podían verse en persona siempre que lo necesitasen además del limbo por las noches.

- ¿Y eso cuando cambió?

- Pasó cuando una pareja alfil/guardián rompió la regla, es decir, se enamoraron- tomé más fuerte mi café, me imagine una historia de amor prohibido, siempre son las más románticas- pero algo pasó, nadie sabe muy bien qué, sólo sé que ellos enamorándose puso en riesgo el equilibrio de alguna forma, por lo que se efectuó un castigo. 

- El no poder verse en persona…

- No, eso fue una regla para evitar que esto pudiese pasar de nuevo, una medida de prevención para futuros casos, el castigo de ellos fue el peor que se nos puede aplicar a los jugadores.

- ¿Cuál? para mi dejar de ver a la persona que amo es lo más doloroso que puedo imaginar…. 

- Ambos perdieron la bendición. 

- Pasaron a ser normales…- 

- Si, y no, dejaron de ser jugadores y por lo tanto ya no compartían el limbo mientras dormían, pero normales no somos una vez que perdemos la bendición - recordé las palabras de Giles tantos meses atrás…”Nosotros nunca seremos normales”

- ¿Pero se veían en persona no?

- No lo sé, según me dio a entender mi madre, ellos nunca más se volvieron a ver….

Una vez que se terminó las tostadas y el café, Raissa me dio las gracias y se marchó. Antes de irse se detuvo en la puerta y me quedó mirando unos segundos que se hicieron eternos, pero finalmente no me dijo nada y cerró la puerta. 

Pero aunque se hubiese ido, no podía parar de pensar en la historia de La alfil del castigo, perderlo todo, incluso a la persona que amas, saber que está en alguna parte y no poder estar juntos, es demasiado, además de perder tu misión en la vida, perder el objetivo para el cual te criaron desde que naciste, ver tu vida transformada por completo. 

“Knock knock”

El golpe en la puerta me despertó de mi meditación. Doña Catalina había utilizado su llave de respaldo y me miraba amorosamente desde la puerta. 

- ¿Tienes tiempo para almorzar con esta vieja que te extraña?- le sonreí y ella se dio la vuelta para volver al minuto con dos platos ya preparados

Los platos de doña catalina son siempre los mejores, recuerdo que cuando recién llegue a vivir al departamento, el primer día tocó mi puerta en su vestido azul rey y zapatos altos negros, era imposible decir que edad tenía, sólo veías la elegancia en ella. Con los mejores modales me ofreció la fuente de vidrio que llevaba en las manos y me dio la bienvenida. A partir de ese día me invitaba a comer frecuentemente con ellos o se autoinvitaban. 

Siempre que he necesitado un consejo ella me lo ha dado, y cuando no sabía que necesitaba uno, también me lo daba, lo había hecho desde que tenía memoria, y mudarme al departamento de mi madre, era un pasó demasiado lógico para prepararme para el momento en que ellos dejaran de cuidar de mí y fuera mi turno pagarles el amor de años con mi dedicación. 

- El viejo está donde su hermano- dijo mientras poníamos la mesa- y tú sabes que con Segundo yo no cruzo palabra desde hace más de 20 años. 

- ¿Mucho tiempo para tener rencor no cree?- ella me sonrió nuevamente mientras se sentaba a mi mesa. 

- “Para el rencor el tiempo siempre es más de lo necesario y para el amor nunca lo suficiente.“

- ¿Quién dijo eso?

- Tu padre- contestó mientras me servía salsa sobre mis ravioles.

- ¿Mi padre? 

- Si, lo dijo justo después del funeral de tu madre- bajé la mirada en el acto- él nunca se ha recuperado sabes… y no creo que lo haga algún día. 

- Pero ha pasado tanto tiempo.- dije suspirando mientras miraba a Lucia comer de su plato a mi lado en el suelo y ronronear de cuando en cuando.

- Más de 20 años…y los días siguen pasando y la vida sigue – tomó mi mano con delicadeza a lo que regresé mi vista a sus suaves ojos, los que me miraban con el amor de madre que me ha profesado casi toda mi vida- Por más años que pasen este mundo es de los vivos, ya llegará el momento para que estén juntos de nuevo- demasiado tiempo separados, repetí en mi cabeza- él sólo tiene que ser paciente.

- Cata, ¿Usted cree que dos personas sigan amándose aunque no se hayan visto en 20 años?

- Si se amaban de verdad, pueden pasar 100 años sin verse y amarse como el primer día. – sus ojos brillaron en mi- es por eso que no puedo ver a Segundo… 

- …..- mi boca se abrió pero nada salía de ella. 

- Pero lo correcto no siempre es fácil mi niña – dio una palmada suave en mi mano y tomó su tenedor – coma, coma que se le va a enfriar. 

Pero no era capaz de probar bocado. 

Pasé gran parte de la semana evitando las llamadas de Leo, mis días fueron del departamento a la cafetería y de la cafetería al departamento. Dos o tres veces al día mi teléfono sonaba y veía el número de Leo en la pantalla, pero no quería contestarle, la verdad es que estaba muerta de vergüenza por mi comportamiento y me estaba costando trabajo dar la cara, preferí esperar a tener un buen motivo que no llamara la atención para hablar con él. Por lo demás si habían noticias sobre la llegada del padre de Leo, estaba segura de que Raissa se aseguraría de que contestara. 

Ese sábado por la tarde me lo pasé deambulando por un parque, tratando de no pensar en nada y a la vez en todo, observando a las parejas que caminaban a mi alrededor, viendo amor por todas partes mientras mi cabeza sólo pensaba en amor prohibido y 20 años separados, la historia que tampoco había podido sacar de mis pensamientos. 

El parque se terminó y yo no llegué a ninguna conclusión en los mil temas que rondaban mi cabeza.

Pasé frente a una iglesia como dos recién casados salían y todo el mundo los felicitaba, cómo se comprometían a una vida de amor y fidelidad sin que nadie se los prohibiera, cómo para ellos el futuro era el otro. Con el sonar de las campanas vi como sus ojos brillaban más y más, como si las campanas anunciaran el inicio de su nueva vida. 

Como si anunciaran un cambio…

“Las campanas suenan con la llegada del cambio


- ¡¡Eso es!!

7 comentarios:

  1. Excelente. Me has dejado con ansias de seguir leyendo!! Un abrazo.

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  2. Respuestas
    1. Este es el último que he publicado, el prox lo publicaré la prox semana =)
      (como el miércoles yo creo)
      Saludos!!
      Catapzia!

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  3. Por fin me he puesto al dia con tu historia! Y me alegro porque me ha dejado un sabor a "QUIERO MÁS"... Espero que publiques pronto un nuevo capi *.* Que además lo último que pensó y dijo Aixza me dejó intrigada... ¿Ahors viene lo bueno, no? Jaja me quede muy intrigada... Bueno que espero leerte pronto. Besos cielo <3

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    1. Gracias como siempre Steph!!
      Ya queda poquito para que se descubran algunos secretos interesantes =)
      Cariños!!

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  4. Apenas me voy poniendo al corriente con los capítulos pero me ha gustado mucho. Tienes un premio en mi blog. ¡Saludos!

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