martes, 21 de mayo de 2013

Capítulo 22 - Una Señal




Sus manos temblaban mientras me miraba directamente a los ojos, pude sentir el esfuerzo que estaba realizando para mantener el contacto entre nosotros, tal cual como había pasado la última vez que nos vimos, justo antes del mensaje inconcluso, donde sus sospechas terminaron siendo ciertas, donde el mensaje nunca fue real, no era más que una trampa. 

- ¿Qué ha pasado?- le pregunté sin soltar sus ojos- ¿Por qué no podías comunicarte conmigo? 

- Aixza, de verdad no tengo mucho tiempo, nos están drogando para no soñar- cada palabra salía de su boca en un jadeo. 

Trate de concentrarme en mantenerlo conmigo, ya lo había convocado una vez sin saber lo que hacía, ahora de verdad estaba intentando que él no se fuera del limbo. De a poco vi como su respiración se normalizaba y las manos perdían rigidez en mis mejillas. 

- ¿Quiénes?- 

- Los que nos tienen secuestrados- dijo ya sin problemas, elevó las cejas en un acto de reconocimiento pero no dijo nada. 

- ¿Y cómo estás aquí?- 

Tomé sus manos y las alejé de mi rostro, necesitaba un poco de perspectiva. Se veía mucho más delgado que la última vez que lo vi, bajo sus ojos aparecieron unas marcadas ojeras y los pómulos resaltaban mucho más. Pese al desgaste, sus ojos aún mantenían la fuerza que habían tenido siempre. 

- La verdad es que no lo sé, pero no pienso perder un segundo, hay algo que tienes que saber. 

- ¿Qué cosa? 

- Existe una profecía, y para entenderla de verdad es necesario que busques en tus raíces, busca a tus compañeros ellos te pueden ayudar. 

- La de la noche sin luna- Él esbozó una pequeña sonrisa al comprender que yo ya estaba al tanto- Leo apareció justo después de que tu desapareciste y Raissa la conocí ayer. 

- Perfecto, ya están todos juntos- suspiró aliviado- una última cosa antes de que tenga que irme. 

- ¿Qué? 

- No confíes en todos los que te rodean, y recuerda, las campanas suenan con la llegada del cambio 

Y en un parpadeo todo había acabado, yo desperté en mi oficina de un salto con ambos ojos abiertos de par en par y aún impactada por la extraña visita que había tenido. 

No confíes en todos los que te rodean… no podía estar hablando de Rafael, de cualquiera menos Rafael. 

No pretendía quedarme ahí sin hacer nada, él estaba encerrado y nosotros estábamos juntos. Si Giles me había mencionado a mis compañeros y la profecía, entonces Raissa tenía razón, ésta se refería a nosotros, lo que quería decir que ya estaba en marcha. 

Tomé mi casco y dejé la cafetería corriendo, tenía que alcanzarlo y comentarle esto, mandé un mensaje a Raissa y me subí a la Vespa. 

*** 

Cuando sentí vibrar mi teléfono había llegado recién a mi casa, lo saqué del bolsillo y no alcancé a entrar completamente a mi hogar cuando ya bajaba las escaleras para subirme al jeep. 

Diego no me había explicado con muchos detalles la profecía, pero mi madre si lo había hecho y estoy segura de que Leo no quiso contarle la última línea a Aixza por la misma razón. 

No era agradable. 

La primera línea de las dos conocidas era inofensiva y correspondía al comienzo de esta: 

“En la noche sin luna, la protección de fuerza y sabiduría, iniciará su camino…” 

El final de la profecía era otra historia, conocida sólo por los alfiles y transmitida de generación en generación, ya que la creencia común era de que al referirse a “la protección” se hablaba de un guardián, era lo más lógico. Es por eso que con Leo nos miramos disimuladamente un segundo después de que él recitará la primera frase. 

Fue un trato no hablado que ninguno rebelara la última frase a Aixza, o mejor dicho Alexandra

Alexandra no era un nombre común para los alfiles, estos generalmente tenían nombres relacionados a la acción o la reflexión, nunca algo defensivo, más aún cuando todos conocíamos la última línea de la profecía. 

“... llevando la protección en espiral a la muerte” 

Detuve el jeep en una esquina para mirar nuevamente el mapa del teléfono, cuando algo llamó mi atención. 

Justo a mi lado se paró una motocicleta negra y su conductor giró la cabeza en mi dirección. La primera idea que se me ocurrió fue que quizá estaba tan perdido como yo, pero mi instinto se encendió de inmediato y automáticamente me tensé y puse primera. 

Apenas el semáforo cambió aceleré a fondo y giré en la primera cuadra, cuando vi por el retrovisor no me sorprendió en lo absoluto de que él me estuviera siguiendo. Mi instinto tenía razón. 

Era el motociclista de Aixza y Leo. 

No estaba exactamente detrás mío, pero tampoco lo suficientemente lejos como para perderlo en dos cuadras. Cambié la dirección varias veces, después de cada vuelta que daba, apenas miraba el espejo lo veía ahí. 

Tomé la primera entrada a la autopista y aceleré a todo lo que daba el motor. 

120 km/h 

135 km/h 

150 km/h 

Mientras más aceleraba, él menos aflojaba. Decidí hacer algo lo suficientemente arriesgado e idiota como que él no lo viera venir. 

Me puse la segunda pista, dispuesta a seguir por toda la cuidad si era necesario para perderlo, él me seguía codo a codo en la tercera pista. Lo veía justo en mi ventana, sin aflojar en la persecución, mientras ambos no bajábamos de los 160 km/h. 

En la siguiente salida que vi me afirmé del manubrio fuertemente mientras presionaba el freno. 

El efecto fue instantáneo, lo vi pasar de largo y mi alivio fue inmediato, pero este desapareció apenas escuché una bocina y vi unas luces que se aproximaban peligrosamente rápido a mi espalda. 

Antes de que el camión me arrollara tuve el sentido común de poner primera y girar para salir de la autopista, aunque no alcancé a girar lo suficientemente rápido y el camión logró toparme el tapabarro izquierdo trasero. 

El impulso me llevó directamente a la muralla derecha en la bifurcación para salir, el sonido del cemento raspando la puerta derecha me hizo reaccionar, baje una marcha y aceleré a fondo para evitar volcarme. 

Al salir de la autopista me detuve en el primer semáforo para respirar. 

El corazón me saltaba fuertemente y mis manos no podían soltar el manubrio, estaban tan firmes en el como si hubiesen sido pegadas con cemento. Las luces del camión aparecían tras mis párpados cada vez que cerraba los ojos y mi boca estaba completamente seca. 

Me agaché para alcanzar mi bolso y sacar una botella con agua, no podía llegar en ese estado donde Aixza, simplemente no podía. 

Tomé dos sorbos, me obligué a respirar profundamente una vez que logré tragar, ignorando el verde del semáforo y abrí la ventana nuevamente para dejar que el aire me relajara. 

Fue cuando me di cuenta de que nuevamente tenía compañía. 

El motociclista estaba de pie en mi ventana y parecía haber estado observándome. 

Dio dos pasos hacia mí y yo automáticamente cerré la ventana, pero antes de que esta se cerrara por completo él se sacó el guante y apoyó la palma de la mano en el vidrio. 

El semáforo cambio y aceleré a fondo, pero mi cabeza sólo retuvo una imagen. La palma abierta en la ventana y un mensaje perfectamente legible en ella. 

“La protección caerá” 

*** 

Leo me miraba ansioso desde el sofá del living mientras yo me paseaba por la alfombra mirando mi reloj cada dos minutos. 

- No me parece que sea el tipo de persona que llega tarde…- comenté preocupada 

- Creo que a tus vecinos de abajo no les va a gustar que hagas un agujero en el suelo- dijo imitando con su mano mi paseo. 

- Ahora no Leo- lo miré enfadada, él se limitó a alzar las manos. 

- ¿Pero qué es lo tan urgente? 

- Ya te dije, prefiero que estemos los tres. 

- ¿Y si no llega? 

- Si tu llegaste, ella llegará- él pareció molestarse ante mi respuesta 

- No puedo creer que ya tienes una opinión tan firme de mi pequeña, y eso que no nos conocemos ni desde hace un mes- 

- Te conozco todo lo que necesito- él elevó una ceja- créeme, Tania es muy buena con las descripciones 

- Tania te vendería un unicornio si le pides uno - bufó en respuesta. 

- Tienes razón, me preguntaba por qué me pasó un burro en su lugar. 

- Deberías hacerte tu propia opinión mía- dijo poniéndose de pie, y quedando frente a mí, mirándome directamente a los ojos. 

- ¿Crees que sea mejor de la que tengo?- no dejé que me intimidara 

- Creo – sostuvo el aire por un momento- que estoy partiendo de un piso tan bajo que sólo puedo ir hacia arriba - 

Sabía que tenía razón, pero por algún motivo era entretenido ese juego con Leo. Me giré para ver la ventana nuevamente y consultar el reloj una vez más, cuando vi el inconfundible jeep de Raissa estacionarse frente a mi edificio. 

- Ya llegó- giré nuevamente y avancé hasta la puerta. 

- ¿Estás segura? 

- Completamente- en ese instante sonó el citófono – ves – dije y presioné el botón que abría la puerta del primer piso y dejarla subir. 

Aún con la puerta cerrada se podía escuchar el sonido de Raissa apresurándose por la escalera, abrí la puerta antes de que pudiera tocar y su cara estaba irreconocible. En ella no había nada de la persona calmada que había visto hace cuatro horas. 

Tenía los ojos rojos e hinchados, el pelo se escapaba de la coleta, tapándole parte del rostro, que estaba dos tonos más pálido que en la tarde, respiraba agitadamente y era evidente que no tenía nada que ver con la carrera por las escaleras que acababa de dar 

- ¿Y a ti que te pasó?.- preguntó Leo al verla, ya que yo no pude decir nada- 

- No quieres saber, ¿Tienes un trago?- le preguntó mientras daba vueltas por la sala buscando visualmente dónde podría guardar el licor. 

- La casa es mía- dije apuntando a un pequeño baúl junto a Leo pero ella no me vio. 

- Perdón, ¿Tienes uno?- pregunto de nuevo sin mirarme – lo necesito- me acerque al baúl y le pase una botella de vodka junto a unos vasos. 

- No es sano necesitar alcohol – dijo Leo de forma burlona 

- En este caso si- y antes de que llenase el corto de vodka, el vaso ya estaba vacío 

- ¿Nos vas a decir que te paso?- pregunté 

- Por ahora no- no dejó pie a la negociación y cambio de inmediato el tema de conversación- ¿Por qué nos llamaste? 

- ¿En serio no nos vas a decir?- insistió Leo 

- No – y lo miró tan intensamente, que estuve segura de que intentaba conversar telepáticamente con él. 

- Entonces dejemos que la pequeña saltamontes nos cuente para que nos citó con tanta urgencia- giró su cabeza hacia mí- pero te advierto, no me gustan las declaraciones de amor con público- dijo guiñándome un ojo. 

- Es serio Leo- 

- Yo puedo ser serio- dijo inclinando la cabeza- pero eso no es lo que tú ya piensas de mi- elevó ambas cejas a lo que Raissa se puso entre nosotros interrumpiéndolo y me miró con los ojos aun rojos. 

- ¿Qué pasó?- 

- Giles 

- ¿Qué paso con él? 

- Me contactó 

- ¿Cuándo? – dijeron ambos al mismo tiempo 

- Justo después de que ustedes se fueron, me quedé dormida a los dos segundos- 

Las bocas de ambos se abrieron al instante y ninguno supo que decir, lo que me dio el pie para hablar sin ser interrumpida. Les conté todo lo que paso en el limbo cuadro por cuadro, desde la droga para no soñar, hasta lo que me dijo de no confiar en nadie. Ellos se miraron entre si y leo fue el primero en intentar hablar, pero lo detuve antes de que pudiese terminar de abrir la boca. 

- No se te ocurra decirlo 

- Pero Aixza, tú ya lo piensas 

- No lo hago, 

- Si lo haces, o sino no habrías asumido que diría eso 

- Te conozco- pese a que tenía razón, era la explicación más lógica, pero no podía, no podía desconfiar de él- 

- No, no lo haces.- Leo se puso de pie 

- Parece que si – y lo empujé de nuevo a su silla. 

- A ustedes que les pasa?- gritó Raissa con otro vaso de vodka en la mano. 

- Nada- dijimos los dos y me acerque a la mesa para servirme un vaso, mire a Leo para ofrecerle, pero él se negó. 

- Sorry, estoy con antibióticos, por si no recuerdan fui brutalmente golpeado y casi asesinado hace menos de 24 horas. 

- Eso quiere decir que están juntos- dijo Raissa casi hablando para sí misma 

- ¿Quienes?- nos giramos con Leo 

- Nuestros guardianes, Diego, Giles y …. 

- Alicia- completó leo 

- Exacto y cómo era lo que te dijo. 

- Que no confía… 

- No eso, lo otro, lo de las campanas- me interrumpió con algo de dificultad para modular. 

- “Las campanas sonarán con la llegada del cambio” 

- Y eso que significa – preguntó Leo. 

- No lo sé, - miré a Raissa que ya sostenía su cuarto vaso- a mí no me miren- dijo arrastrando ligeramente las palabras y evitando hacer contacto visual conmigo. 

- Creo que nuestra pequeña maquinadora ha bebido suficiente, ¿O no Aix? 

- Si, Raissa- me acerqué a ella-¿Me pasas el vaso?- ella levantó la mano y negó con la cabeza dando un paso hacia atrás para chocar con la pared. 

- De acuerdo, pero te toca el sillón- dijo Leo que estaba a un metro, y en un rápido movimiento metió la mano al bolsillo de su chaqueta liberando unas llaves- porque conduciendo tu no vas a ninguna parte. 

Raissa soltó un bufido y se lanzó al sillón, yo terminé de tomar mi segundo vaso y me prometí mantener la cordura. 

- Campanas, campanas, campanas… - Leo repetía intentando encontrar alguna idea de la misma palabra. 

- ¿Tu padre no sabrá?- me giré hacia Raissa- ¿O tu madre? 

- Mi madre está en el Congo- dijo moviendo las manos de forma exageradas- tratando de mantener la selva umbrófila lejos de las garras del hombre- y comenzó a imitar unas garras con sus manos. 

- De acuerdo, eso quita una opción- mire a Leo con cara de duda a lo que él se encogió de hombros, ninguno entendía que estaba mal con Raissa. 

- Mi padre sabe muchas cosas, de hecho probablemente es capaz de ayudarnos lo suficiente antes de llegar al punto de intervenir. 

- ¿Por qué? – Leo había dejado claro que su padre no era muy protector… 

- Porque viene para acá, eso es razón suficiente para que yo piense que se le activó el instinto paternal. 

- Lossss prrradres dreeel añññño!!!!- Raissa se había rendido con los vasos y ahora sostenía la botella 

- En fin…- leo miraba a Raissa ya no con risa, se veía realmente preocupado, tomé dos sorbos más antes de dejar el vaso sobre la mesa. 

- ¿Y?- crispé los dedos 

- ¿Y qué?.- pestañeó varias veces 

- No dijiste nada... 

- Perdón- Leo sacudió su cabeza- te decía que mi padre podría ayudarnos, él conoció a la persona responsable de que no podamos vernos con nuestros guardianes más que una vez. 

- ¿Qué?- Raissa reaccionó exageradamente en el sillón, tratando de mantener los ojos lo más abiertos que pudo- ¿La conoce? 

- La conoció creo…- Leo bajó la mirada 

- ¿A quién? – insistí. 

Ellos se miraron de esa forma que lo hacen las personas cuando están a punto de comentar un Tabú. Leo suspiró y contestó mi pregunta. 

- La alfil del castigo.

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