jueves, 21 de marzo de 2013

Capítulo 9 – Una distracción…



Nunca he pensado en cómo voy a morir, nunca me he planteado la posibilidad de morir siendo aun joven, por eso cuando Giles me contó como él había visto mis últimos momentos de vida, mientras me perseguía un motociclista por toda la ciudad y los dos buses que me ocultaron, eran en realidad los dos buses que terminaban con mi existencia, comencé a cuestionarme todo lo que la gente se cuestiona cuando ya ha vivido su vida. 

¿Qué dejo tras de mí? 

¿He vivido plenamente? 

Y quizá la pregunta más egoísta de todas 

¿Aún se acordaran de mí a 10 años de mi muerte? 


Quizá eso lo pienso ahora, porque esta semana se cumple otro año desde la muerte de mi madre, y yo, su propia hija, me di cuenta que no pienso en ella tan seguido como a mí me gustaría que pensaran en mi después de mi muerte. 

Sé que es un pensamiento egoísta, sé que yo en realidad no la conocí, pero también pienso en mi padre, y como nunca lo escucho hablar de ella, en realidad nunca habla de ninguna de sus difuntas esposas, quizá es porque no quiere que nosotras nos sintamos mal, quizá es algo tan personal que no lo comparte con nadie, quizá es tantas cosas… 

- En qué piensas? – me preguntó Javier, que entró a mi oficina y yo no me di cuenta – llevo parado aquí 5 minutos, y no te he visto pestañear- 

- En la muerte – para que le voy a mentir, todos pensamos en la muerte eventualmente no? 

- Wow, no es algo temprano para preguntas existencialistas??? 

- Sí, pero tú no piensas en la muerte de vez en cuando? 

- Ehmm, si, pero cuando alguien se muere o veo un accidente – me estudió con la mirada, entrecerrando los ojos – Te pasó algo?. 

- No, nada – traté de recuperar la normalidad en mis facciones, seguramente las ojeras no me ayudan mucho, pero continúo con tono ligero, tratando de alejar el motivo real de mi mente – Es que se cumple otro año de la muerte de mi madre pronto. 

- Ah, uff, tema complicado Aix, francamente no se me ocurre que decirte – dijo mientras se miraba las manos y las sacudía como si le picasen- pero de todas formas tú no la recuerdas mucho no?. 

- No, no la recuerdo, ese es precisamente mi problema, me gustaría recordarla… - genial, me comenzaron a picar los ojos, señal inequívoca de que me pondré a llorar – en fin, tratare de no pensar en eso… al menos hasta el prox año quizá. 

Javier, que no se acerca demasiado a las personas, ni conversa temas íntimos con nadie, se acercó a mí y me levantó la barbilla. 

- Seguramente podrás encontrar otras cosas en las que pensar. 

Me miró con sus ojos violetas, con una mano acarició mi mejilla mientras la otra sujetaba mi mentón y antes de que pudiese reaccionar, él deposito un beso sobre mis labios, fue simplemente un toque y se retiró. 

Cuando llegó a la puerta, se giró y me dijo. 

- Quizá así puedo ayudarte a que pienses en otras cosas. 

Cerró la puerta tras él y me dejó en mi escritorio. Al menos tenía razón en algo, no volví a pensar en la muerte de mi madre ni la mía por un tiempo. 

-- 

No había tenido contacto con Giles desde la noche de la persecución cuando él sólo me mostró lo que vio de mi futuro, sin decirme una sola palabra. Y para ser honesta tampoco tenía muchas ganas de hablar con él, serian muchas las preguntas que tendría, y como ya lo conozco, sé que no me contestaría ni la mitad de ellas. 

“No Sobrevivías” esas fueron sus palabras exactas la penúltima vez que nos vimos, y horas más tarde me muestra como mi maniobra fracasa, como los dos buses se cierran ante mí y me aplastan. 

Pero creo que ya es hora de enfrentarlo, ya no puedo mantenerme despierta hasta la madrugada sólo para no verlo, sé que quiere verme, puedo sentirlo cuando el sueño comienza a perseguirme como una amante celosa, pero yo me he escapado utilizando toda mi fuerza de voluntad durante la última semana. 

Luego de pasar otra tarde más encerrada en mi oficina y cuando logre dejar de pensar en el beso que me dio Javier, me fui a mi casa, llegue cuando estaba oscuro ya que estos días había dejado la vespa en la casa, porque no es seguro manejar estando toda somnolienta, me salté nuevamente mi visita a Don Raúl y Doña Catalina, no quería que me viesen en estado zombi, y sin probar bocado me fui a la cama. 

- Ya te sientes mejor?- me preguntó una voz apenas cerré los ojos. 

- A decir verdad no sé cómo me siento Giles… 

- Y el beso no te ayudo? – levanté la vista asombrada y mis ojos chocaron con los suyos, que brillaban ligeramente reflejando tranquilidad. 

- Como sabes tú eso???- sonrió ligeramente y me contestó. 

- Lo soñé anoche… Recuerda que cuando las casas me dejan, puedo ver tu futuro cercano, así fue como… - que no lo repita!, que no lo repita!, no quiero volver a verme aplastada! – olvídalo, pero no podemos seguir en pausa Aixza!, las casas te necesitan, fueron enfáticas conmigo de que no puedes volverte un durmiente… 

- Con una condición, quiero respuestas, quiero entender que son las casas, que es un durmiente, que es Pittara, quiero entenderlo todo – levanté la mirada una vez más y lo mire a los ojos– quiero saberlo todo. 

Tal como lo ha hecho otras veces, me estudió cuidadosamente, pero no evaluando mi capacidad de comprensión, más bien parecía estar evaluando el tiempo. 

- Aún es temprano, así que creo que tenemos tiempo – acerté, estaba evaluando el tiempo – Siéntate Aixza, te lo voy a explicar todo.

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