jueves, 21 de marzo de 2013

Capítulo 8.5 – La persecución


Volvimos en silencio al Limbo. 

No fui capaz de preguntarle nada en el camino, aun seguía impactada por la rapidez del secuestro. 

El motociclista tomó al niño como si fuese un maniquí, sin darle tiempo siquiera de reaccionar, la gente a su alrededor no notó lo que pasó, sólo Giles y yo notamos lo que de verdad pasó. 

Cuando llegamos al Limbo Giles finalmente recuperó el habla. 

- Ya sabes lo que tienes que hacer, esto será en dos días – dijo secamente apenas llegamos al bosque de nubes, girándose como lo hacía cada vez que terminaba uno de nuestros encuentros, comenzó a caminar hacia la profundidad de las nubes cuando volteó la cabeza y dijo sin mirarme – Cuídate Aixza… 


Desperté con una sensación de asfixia terrible, respirando agitadamente como si hubiese corrido una maratón, sentía mi corazón latir a mil y no podía parar de inhalar y exhalar aceleradamente. Me levanté y abrí la ventana para sentir un poco de aire en mi rostro, cuando me lleve la mano a la frente para quitarme el pelo de los ojos, me di cuenta que estaba sudando, tenía la frente empapada. 

Fui al baño a lavarme la cara y tomar un poco de agua. 

El tono con el que Giles me dijo “Cuídate Aixza…” fue tan extraño, sombrío, vi en sus gestos el que sabía mucho más de lo poco que me dijo, no me miró en ningún momento y la forma en la que lo dijo me dio la impresión que debía cuidarme más allá de lo normal. 

Sentí un olor a café muy fuerte que provenía del comedor, recordé que mi padre estaba de visita y seguramente trajo un café de regalo, sabía mi afición por probar la mayor cantidad de variedades de café posibles, así que cada vez que venía me traía una muestra de cada lugar que visitó. 

Esta vez tuve suerte, venia de un país cafetero. 

Me bañé y vestí rápidamente, con ropa liviana pero abrigada, para poder mover cajas sin entramparme en las mil y una prendas que utilizo en esta época. 

Desayunamos rápidamente, mi padre me contaba la historia de cómo consiguió el café, pero francamente yo tenía la cabeza en otra parte, estaba pensando en cómo evitar el secuestro. Lo más lógico era quedarme en esa esquina hasta que apareciera el niño y evitar que lo tomara, pero el fallo en ese plan era que el niño podía pensar que yo lo estaba secuestrando, y ahí sí que estaría en un grave problema. 

Cuando llegamos a la cafetería Javier me esperaba en la puerta con las llaves en la mano. 

- Rafael tuvo una emergencia, algo le pasó a su hermana así que no podrá venir, supongo que seremos los tres versus los proveedores- dijo entregándome las llaves- Como está señor Falli, está más tostado de la última vez que lo vi – 

- Muy bien Javier, creo que con este tono las bufandas no me vienen no?- dijo, enrollándose su roñosa bufanda naranja, la cual yo detesto, pero es su favorita porque se la regalo mi madre – Nuevamente me pierdo a Rafael, ya parece ser que es a propósito. 

- No creo, no le dije a nadie que vendrías, pero no te preocupes a Tania la conocerás – 

- Eh, yo no diría eso – me interrumpió Javier – dijo que no se sentía bien, que comió una salsa con camarones y no vendrá. 

Tania era alérgica a los camarones, a los mariscos en realidad, por lo que ya varias veces me había pasado de que ella no llegaba por estar con alergia. Sus cuadros alérgicos eran terribles, yo la había ido a ver una sola vez, la forma más fácil de explicar lo que le ocurría, es decir que su pelo y su cara estaban del mismo tono. Nunca pensé que alguien podría verse tan rojo. 

- Y que pasa con Camilo?- pregunté-. 

- Le deje un mensaje, si tenemos suerte recupera la conciencia antes del mediodía- 

Camilo trabaja de DJ después de que cierra la cafetería, por lo que generalmente su día comienza a la una. Los planetas se habían alineado al parecer. 

-- 

No fue una tarea fácil, pero lo logramos, afortunadamente Camilo si reaccionó con el sonido del celular y llegó a nuestra ayuda y mi padre resulto ser un habilidoso mesero, por lo que el día sin Rafael y Tania no fue tan terrible. 

Lo único malo de las visitas sorpresa de mi padre, es que estas solo duran un día. Generalmente viene de sorpresa cuando tiene que ir a un pueblo al otro lado del mundo, y se las ingenia para hacer calzar una escala en la ciudad y pasar a visitarnos, de modo que después de almuerzo llegó mi hermana y se fueron a pasar la tarde juntos, dado que a mí me tocó compartir con él durante el día. 

A media tarde llegó Tania, aún estaba medio rosada por la alergia, pero podía atender público. 

-Perdooon Aixza!! Te juro que no sabía que la salsa tenía camarones! – dijo cuando llego a la cafetería y vio que estaba llena a tope y Camilo no daba a vasto con tanta gente, ya que al no estar Rafael me tocó hacerme cargo de la caja- Pero no te preocupes, mi nueva víctima lo pensará dos veces antes de invitarme algo con productos del mar – Me dijo con una de sus sonrisas traviesas, esas que generalmente me hacen temer de ella. 

- Ah?- 

- Lo hice pagar la cuenta de urgencias! – Dijo y se largo a reír – sólo te voy a decir que es más barato invitarme a cenar por un mes entero – 

- Pobre cristiano!! – exclamó Javier con los ojos muy abiertos – Me imagino cuanto le habrá salido, yo te he visto comer!!. 

Nos reímos un buen rato entre todos, ella nos contó toda su cita de la noche anterior para relajarnos, de cómo su nuevo novio le preparó una cena en su departamento y ella comía feliz de la vida mientras a él se le desfiguraba la cara al verla enrojecer, no le dijo nada hasta que su cara estaba como un tomate y ella comenzó a sentir ardor en la nariz, ahí recién notó que tenia alergia y salieron corriendo despavoridos hacia la clínica más cercana, nos hizo reír a carcajadas. 

Tania tiene ese efecto, puedes estar en la situación más terrible, al borde de la histeria y ella llega con una historia y comentario de lo más original y todo se te olvida. Eso me pasó, olvide por completo que al día siguiente tenía mi misión, olvide hacer un plan de acción, olvide verificar la calle, olvide poner el despertador… 

-- 

Estaba en un sueño muy plácido, soñaba con el aventurero de la fiesta, la escena se repetía una y otra vez, el acercándose hacia mí a paso firme, pero con el tiempo distorsionado, era un sueño en slow motion. Al llegar donde yo estaba no me hacia la pregunta del sueño original, sino que me tomaba de la mano y me llevaba a bailar. 

Bailábamos en el centro de la pista, cual cenicienta con el príncipe del reino, girábamos al ritmo de la música y mi vestido en capas se elevaba con una gracia majestuosa que me hipnotizaba cada vez que nos veía reflejados en el piso inmaculado de la pista. La gente se encontraba en los bordes del salón, todos nos miraban con admiración, nos envidiaban, me sentí una princesa. 

Hasta que apareció Giles. 

Me miraba desde el fondo del salón con una expresión que no pude descifrar, estaba con el traje de guardián, color vino de pies a cabeza, pero además tenía una especie de brújula en la mano y la miraba con desesperación, en realidad era una mezcla entre una brújula y un reloj de bolsillo, caminó apresuradamente hasta el centro del salón donde yo me encontraba. 

- Lo siento, ya estoy bailando – Le dije, algo atontada abrazando a mi príncipe. 

- Aixza reacciona!, estas Pittara! – dijo gritando y me abofeteó 

Giles tenía razón, no sentí dolor, sentí una sensación de realidad, como un vaso de agua fría. 

- Que pasó! – le grite furiosa y algo confundida 

- Reacciona!, mira a tu alrededor! 

En ese instante puse atención a la ya no tan glamorosa fiesta en la que me encontraba, las paredes comenzaron a difuminarse y la gente adquiría una forma imprecisa, como si estuviese pintada en las paredes de mi sueño con acuarela y les hubiesen arrojado agua. Lentamente todo se disolvió. 

Sacudí la cabeza tratando de despejarme, mire a mi lado y mi príncipe resultó ser un globo gigante, que apenas lo solté se elevó por el techo desinflándose a medida que se alejaba. 

Mire con expresión de horror a Giles. 

- Que fue eso! 

- Pittara!, estabas hipnotizada! Las casas me avisaron de que había algo extraño contigo, y me dieron el sensor- dijo apuntando al aparato que colgaba de su mano derecha- Hace siglos que esto no ocurría, debes despertar ahora, estás contra el tiempo!. 

Desperté de golpe sentada en mi cama. Me di cuenta de que me había quedado dormida con ropa. Cuando miré el reloj casi me dio un ataque. 

9.17 

Mierda! 

Me puse los zapatos, tomé el bolso de la mesa de entrada, las llaves de la moto y salí corriendo. 

Las calles estaban llenas como nunca, traté de acortar camino lo más rápido posible por calles laterales, pasajes pequeños y me subí a un par de veredas a pesar de los gritos de los transeúntes. 

Los semáforos también parecían confabular en mi contra, no me toco ninguna luz verde, por más que lo intentara, todas las luces cambiaban a rojo cuando yo me acercaba. 

Al llegar a la esquina del secuestro recuperé el aliento. El niño aun estaba ahí. 

Sin embargo vi al caballero del celular con el café y entre en pánico. No me quedaba tiempo. 

Cruce en diagonal con la moto, arriesgándome a chocar con 4 autos en menos de un minuto. 

Vi la moto negra aproximándose a media cuadra a toda velocidad. 

Me detuve junto al niño. 

- Sube!, no tenemos tiempo! – le dije desesperada 

- Quien eres tú! 

- Aixza! Vamos! Vamos! Que ya viene! – dije aún más desesperada, pasándole mi propio casco, ya que no alcance a poner el de repuesto y mirando hacia atrás. 

No esperaba que el entendiera lo que estaba pasando, que entendiera la urgencia que tenía por sacarlo de ahí, por llevarlo a un lugar seguro. 

Él siguió mi mirada, y vio la moto negra prácticamente encima de nosotros y un brazo del conductor separándose del manubrio. 

Se puso el casco y subió a mi moto. 

- Apúrate! Apúrate que ya viene – ahora era él quien me daba las ordenes 

Apenas cambió la luz aceleré a fondo. 

El niño tocó uno de los espejos retrovisores de la moto, mire de reojo y me aprisionó el pánico. 

Nos estaba siguiendo… 

Mi pobre vespa no era contrincante para una motocicleta moderna, pero aún así seguí acelerando. 

- Aún nos sigue!, rápido rápido! – El niño me seguía gritando. 

Doblé por un par de callejones, pero no logre perderlo, casi me estaba alcanzando. 

La distancia entre nosotros se hacía peligrosamente corta. 

El niño se aferraba con fuerza al asiento de la vespa con una mano, y con la otra sujetaba el casco que era muy grande para su pequeña cabeza. 

En una de las esquinas volví a doblar y traté de salir a una calle principal. 

Nunca había agradecido tanto que las calles estuviesen llenas de autos. Llegamos a una gran avenida que estaba repleta. 

Genial! 

Me colé entre los autos, tratando de serpentear para perder al motociclista. 

Doblé entre dos grandes autobuses, y decidí arriesgar una maniobra, al llegar al extremo opuesto del bus, en vez de avanzar por la calle, retrocedí, tomando el rumbo contrario y viendo como el motociclista pasaba de largo. 

Tumbé la moto tras un camión, y nos escondimos detrás unos autos estacionados. 

El motociclista regresó por la misma calle, ante los bocinazos de los automovilistas y los insultos de los peatones. 

Sentí que mi corazón trataba de salir de mi pecho cuando pasó casi al lado nuestro, pasó tan cerca que prácticamente pude sentir su olor, era un hombre indudablemente, su aroma me pareció algo familiar pero no pude reconocer de donde. 

Nos miramos con el niño, pude ver mi terror reflejado en sus ojos. 

Una vez que pasó de largo, pude dejar de contener la respiración. 

Me agache nuevamente hacia el niño, que seguía arrodillado tiritando de pies a cabeza. Me acerqué con cuidado y le puse una mano sobre los hombros. 

- Tranquilo, ya pasó, ya se fue- dije en un susurro, tratando de tranquilizarlo y de paso tratando de calmarme. 

- Segura, de verdad se fue?- dijo en un sollozo que me rompió el alma. 

- Shhh shh, de verdad, se fue, ya estás seguro – lo abracé con fuerza para intentar que dejara de temblar – no nos vio acá escondidos – le dije con seguridad, finalmente él levantó la cabeza. 

- Y tú quien eres?- 

Me miró con aún algo de miedo en sus ojos, pero una determinación impresionante para un niño de 10 años, pude prácticamente leer lo que estaba pensando, ahora que ya estaba a salvo, necesitaba saber quién era esta loca que lo había arrastrado por media ciudad, necesitaba asegurarse de que estaba de verdad a salvo y no había sido víctima de un engaño. Quince años de diferencia y él me miraba de igual a igual. 

- Soy Aixza, no me preguntes porqué, pero ese hombre te iba a secuestrar. 

- Ahá, y como sé que tú no eres el peligro para mí – me lo dijo sin ningún rodeo. 

- Créeme, puedes confiar en mí, te pase mi casco no??? 

Me inspeccionó con cuidado, se levantó decididamente sacudiéndose el polvo de los pantalones y me pasó el casco. 

- Me acompañas a mi casa? – preguntó dulcemente, como si yo fuese una tía. 

La petición inocente me desconcertó, me levanté y al igual que él me limpie la tierra de los jeans. 

- Vamos, dime donde vives – di un par de pasos hacia la vespa, quedé mirando el casco y se lo ofrecí con la mano – pero tienes que ponerte el casco, no hice el loco por media ciudad para que te pegues en la cabeza – 

- Es que me queda grande! – se lo puso quejándose. 

- A todo esto, tienes alguna idea de por qué te querían secuestrar – le pregunté, aunque no esperaba una respuesta en realidad. 

- Debe ser porque seré un alfil – dijo tranquilamente subiéndose a la moto, dejándome descolocada. 

- Cómo!! – solté un grito ahogado. 

- Eso, mi mamá es un alfil y está en una misión hoy, yo salí a buscarla y me perdí – se sentó en el asiento secundario y me miró con la cabeza algo inclinada – y ahí apareciste tú, eres un alfil verdad?, por eso sabias que me querían secuestrar no? 

- Si. 

Me subí a la moto tras él, sin decir una palabra más, sólo siguiendo las indicaciones que me dio para llegar a su casa. 

Cuando llegamos, su madre nos esperaba en la escalinata con un café en la mano. Pedro se bajó (ese era su nombre) y me entregó el casco. 

- Gracias Aixza- 

Su madre se acercó, lo abrazó fuertemente y le abrió la puerta para entrar a la casa. Una vez que se aseguró de que estaba dentro, se giró hacia mí y antes de que me diera cuenta, ella me envolvía en un abrazo, me apretó tan fuerte que no me dejaba respirar. Eventualmente aflojó. 

- Gracias, cuando regresé y no lo vi, temí lo peor. 

- Créeme, en algunos momentos yo también, pero supongo que él querrá contarte. 

Di la vuelta rápidamente, me subí a vespa, me puse mi casco y aceleré con dirección a la cafetería. 

No dije una palabra cuando llegué, todos me miraron extrañados, pero aún así pasé directo a mi oficina y cerré la puerta con pestillo. 

Respiré profundamente y me acosté en el sillón, sabía a quién encontraría apenas cerrase los ojos. 

No me equivoqué, Giles se levantó de la banca apenas me vio, no me dijo una sola palabra, sólo me abrazó con fuerza, con una fuerza que me extrañó, casi con angustia. 

Cuando nos separamos vi sus ojos, esos ojos hermosos que me encantaban, pero por primera vez los vi cubiertos de lagrimas. 

- Las casas no creían que lo lograras, no después de que estuvieses Pittara!- dijo después de mirarme con cuidado – Ellas me lo mostraron. 

- Que te mostraron? – me contagió su angustia, estaba aterrado. 

Se quedó muy quieto y me miró seriamente. Ya conocía esa mirada, estaba pensando, decidiendo si me lo decía o no, evaluando mi capacidad de comprensión ante lo que iba a decir. Finalmente decidió decírmelo, dos simples palabras, que apenas las pronunció desperté de golpe. 

- No sobrevivías…

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