jueves, 21 de marzo de 2013

Capítulo 3 - El Sueño


Las preguntas me invadieron no fueron el porqué estaba viéndolo, en realidad me preguntaba cómo fue posible que lo olvidase, unos ojos así no son olvidables. Sin embargo me quedó dando vueltas lo que me dijo Rafael, lo del recuerdo reprimido, lo extraño es que no se sentía como un recuerdo, era una imagen, fugaz, pero vívida.
Pasaron los días, y por más atenta que estuve no volví a verlo, miraba atentamente por todas partes, pero nada. La frase "El que busca nunca encuentra" se repetía  en mi cabeza.
Comencé a soñar con él constantemente. No era soñar, en realidad recordaba  cuando nos conocimos, mientras dormía noche tras noche. Como un ritual esperaba la hora de dormir para verlo, hasta que un día deje de soñar con él, aunque siempre lo tenía presente, cada noche esperaba cerrar los ojos y encontrármelo, pero pasaron los días, las semanas y nada, un mes  y medio después volví a soñar con él.



No fue un recuerdo como las otras veces, ahora yo estaba vestida diferente, eran unas ropas muy extrañas, como de película fantástica de corte épico, celtas era el estilo que primero venia a mi mente. El traje era hermoso, un vestido con corsé  color vino, una capa hasta los tobillos con una gran capucha en el mismo tono, y unas botas hasta la rodilla que me hacían sentir como una guerrera de los cuentos de fantasía, sentí que solo me faltaba el arco y la flecha para ser la versión femenina de Legolas.
El lugar donde me encontraba tampoco era conocido para mi, era como una cortina de humo color celeste, algo así como un bosque de nubes, hermoso e inmenso.
Mientras me maravillaba con la belleza del lugar y mi nuevo atuendo lo vi, ahí estaba frente a mí, a unos tres metros de distancia, mirándome fijamente, con esa mirada intensa y serena que tantas noches me quito el sueño. Sus ropas también eran diferentes y similares a las mías, vestía un traje parecido a Robin Hood, pero en el mismo tono que yo.
Me llamó la atención lo cómodo que se veía vestido así, como si esa ropa fuese parte de su piel. Me miró tranquilamente, se acercó a mí despacio, casi en cámara lenta. Cuando estuvimos frente a frente tomó aire ligeramente y dijo.
-Bienvenida Aixza, te demoraste menos de lo que yo creí en llegar.
- Donde estoy?
- Estas en el limbo
-Me morí?- dije asustada, aunque al mirarlo detenidamente estar muerta no parecía una mala opción.
- No, no lo estás.
Justo en ese instante desperté. Claramente no estaba muerta, pero ese sueño fue lo más lejano a un sueño que puedo imaginar, fue demasiado real.
Normalmente  sueño mucho, y cosas muy extrañas en general, además puedo tener sueños con continuación gran parte del tiempo, en una ocasión uno de mis sueños duró una semana, aunque algo que no puedo hacer es controlar lo que sucede, esa "habilidad" habría sido muy útil ahora, porque una parte de mi tenía dudas sobre que estaba pasando y la otra quería correr a los brazos de este desconocido que había visto una vez, pero me tenia soñando y pensando casi 24 horas al día en él, "total, es solo un sueño!" me dije, al menos eso creía yo...
La noche siguiente volví a soñar con él y el bosque de nubes. Apenas me vio me dijo:
- Bienvenida nuevamente, acompáñame.
Quise hablar, pero no podía, de hecho, no podía controlar mis acciones, era una espectadora del sueño, como si viera una película, me veía a mi misma caminar junto a él, y escucharlo atentamente. Al parecer no era una casualidad que estuviese ahí, algo tenía que hacer, pero no entendí que era.
Atravesamos la cortina de nubes y aparecimos en la cafetería, ya no vestía el traje épico, sino que el delantal negro que uso cuando Tania no puede venir y tengo que tomar las ordenes. Me acercó a un caballero para tomarle el pedido mientras él veía algo en su computador, no pude verle la cara, en realidad parecía no tener rostro. Sólo pidió un café expreso y donde estaba el baño. Le indique con el dedo y fui a buscar su café, un segundo después, como si alguien hubiese adelantado el tiempo, volvía del baño y yo tenía el café en la mano, me acerque a entregárselo y justo alguien estornuda detrás mío  asustándome, por lo que derramo el café sobre el caballero. En ese momento Tuto me toma y me lleva con él nuevamente al bosque de nubes, me mira y dice:
- Listo.
Lo siguiente que sé, estoy en mi cama y mi sueño acabó. Tenía el presentimiento que despertaría cuando lo vi articular la palabra, como si hubiese puesto Stop a mi película. Si la vez anterior desperté confundida, ahora sí que estaba perpleja. Nuevamente no pareció un sueño, fue más real que el de la noche anterior, como vivir algo mientras lo sueñas.
Aún confundida me levanté y preparé todo para irme a la cafetería casi en piloto automático, Luisa escapaba de mi, como hace cada vez que estoy con la cabeza en otra parte, como si pudiese sentirlo. Le deje comida  y agua antes de salir. Como a las 8.50 me llamó Tania para decirme que estaba enferma y no podía ir, por  lo que me tocaría tomar los pedidos hoy ya que Rafael es demasiado apático con los clientes, una vez le dije "Tu problema es que tienes timidez crónica, no entiendo como no sales arrancando cada vez que me enojo", y como hace siempre que le digo una verdad, rió y siguió con lo que estaba haciendo.
Por un tiempo seriamente consideré la posibilidad de que él estuviese enamorado de mi, pero su actitud no es de un "amigo Sprite" como solía llamar a esos "amigos" que evidentemente sentían algo por mí, aun cuando yo les dejaba claro que sólo eran amigos y que tenia pareja. Repentinamente una punzada de dolor invadió mi estómago, "tenía" repetí en mi cabeza al recordar que hasta hace unos meses mi rutina era la de dos, pero detuve el pensamiento justo antes de que la melancolía me invadiese, y recordé el día que marcó el inicio y fin de esa pena, y la persona que evitó que ese dolor me consumiera. Recordé los sueños de las últimas noches y me quede dubitativa por unos momentos, hasta que miré el reloj y caí en cuenta que era tarde, no es que alguien fuese a retarme por llegar tarde a mi propia empresa, pero Rafael se exaspera cuando está solo y tiene que tratar con gente. Afortunadamente no había mucha gente en la calle, así que llegué en unos minutos, tampoco habían clientes aún, pero sabía que en 10 minutos más las cosas serían muy diferentes, comenzaría la hora en la las personas salen a hacer tramites, o bajan de las oficinas reclamando el coffee break.
La mañana pasó lentamente después de las 10, sólo había una constante de 5 personas, a veces 6, a ratos 4, bastante tranquilo. Cerca de las 12 entró un señor algo exaltado, el tipo de persona que ves a distancia sabes que vive corriendo. Me pidió un expreso y pregunto dónde estaba el baño, inmediatamente me quede sin palabras, repitiendo en mi cabeza "es sólo coincidencia, es sólo coincidencia", pero la situación era tal cual como el sueño del que había despertado hasta hace unas pocas horas, yo le traería el café y lo derramaría sobre él, de la forma más descortés posible.
Pedí el café algo inquieta, ni Javier, que hacía los cafés, ni Rafael podían llevar el café, uno estaba demasiado impresentable y el otro hablaba por dos teléfonos a la vez. Inspeccioné bien la trayectoria desde la barra a la mesa, buscando el camino donde nadie pudiese asustarme por un estornudo y así evitar derramar un café hirviendo sobre el señor. Caminé tranquilamente con más cuidado del habitual hacia la mesa, llegué sin ningún inconveniente, regresé a la barra conteniendo la risa, "Que ridiculez,  nadie tiene premoniciones tonta!", me dije al llegar a la barra, Javier no se inmuto por mi comentario, sabía que su jefa no tenía todos los tornillos del tamaño adecuado, así que estaba acostumbrado a escucharme decir cosas extrañas de vez en cuando. Seguí atendiendo tranquilamente, una pareja se sentó en la mesa continua al señor y pidieron dos capuchinos y dos muffins, un pedido bastante grande si consideras que nuestro lema con los muffins es "Si le ganas, nos ganas", por lo que es fácil hacerse una idea de lo contundentes y grandes que son.
Llegando a la mesa pasaron varias cosas juntas.
El señor me pidió la cuenta, la mujer de la pareja estornudo estruendosamente moviendo su silla hacia atrás, a dos centímetros de donde estaba yo y mi teléfono comenzó a sonar y vibrar en mi bolsillo delantero, segundo siguiente, la bandeja voló de mi mano directamente hacia el señor tal como en mi sueño, solo que con la bebida equivocada.
Las disculpas y promesas de atención gratuita por una semana no aplacaron la ira del señor, que continuaba amenazándome con una demanda, gritándome sobre lo que habría pasado si el café hubiese caído sobre su computador y un montón de otras cosas que no puedo recordar, pasó 5 minutos gritándome, exigiendo hablar con el dueño, que yo perdería mi trabajo, amenazas de alguien que mira en menos a todos los que usan un delantal. Repentinamente todos los gritos fueron opacados por una voz más fuerte.
- Alto!, Policía!.

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