jueves, 21 de marzo de 2013

Capítulo 2 - La Gente


El verano en realidad no es mi estación favorita, pero tiene su encanto a ratos, esas tardes cuando me quedo dormida en el sillón después de comer sandia y la ventana está entre abierta, las noches agradables en las que puedo salir sin chaleco y tengo la seguridad en que no me dará frío, pero no tendré calor, caminar por la playa en la mañana cuando aun está vacía porque gran parte de la gente está con resaca. Son los pequeños momentos que hacen el verano mejor.
Otra de las cosas que me encanta hacer en verano es caminar por parques al atardecer, esa hora del día donde aun hay buena luz, pero no hace un calor insoportable, que te permite recorrer largas distancias y perderte en tus propios pensamientos, olvidándome del mundo.
Estaba en una de mis caminatas vespertinas cuando creí ver a alguien que me miraba, no le di mucha importancia, más que mal, siempre hay gente que te mira, pero no sé porque me di vuelta para ver quién era, giré mi cabeza y ya no estaba, lo extraño es que estaba segura de que había visto a alguien detrás de uno de los arboles, mire por encima del hombro un par de veces pero efectivamente no había nadie.
Probablemente estaba un poco nerviosa, aunque no tenía motivos, mi vida no es muy complicada ni estresante, tengo lo que deseo, y deseo lo que quiero, al menos eso creía yo.


Me gusta tener etapas en las que aprovecho de descubrir cosas que voy dejado abandonadas, salir con mis amigas, ir a conciertos poco informados que encuentro en panfletos impresos en ese papel amarillo roñoso, practicar violín por las mañanas (en realidad eso lo hago cercano el medio día, en las mañanas molesta a los vecinos, pero lo disfruto), caminar todas las tardes buscando rincones menospreciados para fotografiar.
Ese último en particular es un pasatiempo que había descuidado por mucho tiempo.
Cuando era pequeña mi papá me regalo mi primera cámara fotográfica, era una de esas en las que había que girar una... no se exactamente la palabra, podríamos decir que era una ruedecilla?, y para revelar las fotos tenia que ir a  pasear una hora por el centro mientras esperaba. Las primeras fotos que tome aun las tengo, son de mi gata anterior, Lucia, posando, mi padre aun no se explica cómo logre que mi gata afirmase un sombrero y pidiese dinero en la calle con cara de pena para tomarle esa foto, nunca le dije que amarre el sombrero a la pata de mi gata y la entrene por semanas para que se mantuviese quieta a mi orden, lo cual sé que suena un poco cruel, pero venia imaginando esa fotografía por varios días, lo que traducido en el tiempo de una niña de 6 años son muchas semanas y la ansiedad fue más fuerte que el poco criterio que tenía a esa edad.
Curiosamente estaba con una de mis últimas cámaras fotográficas esa tarde paseando,  era una  Sony CyberShot semi profesional de 16.2 Megapixeles, color calipso con blanco, una edición limitada que salió a la venta solo en Canadá  de la cual se produjeron sólo 500, con una pre-venta de 3 meses.
Se la encargue a un amigo que me la comprara, este luego se la pasó a otro amigo de México que visitó Montreal  y este me la mandó a Sao Paulo donde otro amigo me la envió  por encomienda terrestre a mi departamento. Una de las cadenas de favores más largas que he hecho, pero valió la pena.
Retomando la idea, como estaba convencida de que alguien me miraba, decidí que tenía que fotografiarlo, no quise ser muy obvia, así que le saque un par de fotos a un vagabundo que pedía dinero bajo un árbol con un sombrero sombrilla junto a su perro, y luego me moví hacia el árbol donde creí que había visto algo para tomarle otra foto a una pareja homosexual peleando, casi tuve que borrar esas fotos, porque creyeron que los estaba acosando, hasta que les dije que encuentro fascinante lo efusivas que son las relaciones homosexuales, como que todo se intensifica, lo cual es muy cierto, cuando se enojan están furiosos, cuando aman lo gritan al mundo, es muy refrescante, en fin, bajo el árbol no había nada más que la pareja, así que termine mi paseo un poco intrigada. Por la noche se me ocurrió que quizá tenia algún tipo de enfermedad mental y ahora comenzaría a escuchar voces y matar gente por deporte y terminaría mis días devorada por una jauría de perros hambrientos, pero dos segundos después le dije a mi cabeza que dejase de pensar tonterías, aunque por si las moscas escondí la cuchillería.
La mañana siguiente me fui a la cafetería como todos los días, no paso nada interesante esa mañana,  si no contamos que un policía quería sacarme una multa por llevar a mi gata en una vespa, pero como no encontró el cargo adecuado, no lo logró, y es que no hay una ley que prohíba viajar con un gato en un canasto adaptado para ir en la parte posterior de una moto, menos aún si el gato tiene su propio casco.
Cuando llegue Rafael me dijo que había un inspector que esperaba hablar conmigo sobre las patentes para vender alcohol que necesitaba si deseábamos vender café irlandés.
Rafael es el administrador de la cafetería, se dedica a todo lo que yo no sé, o no me gusta, más que nada los trámites administrativos y lidiar con los proveedores cuando tenemos algún problema, yo me encargo de las estrategias de venta, la decoración del local y los productos que se venden, se dejaran de vender o se venderán y eventualmente a atender, el contacto con gente me mantiene con los pies en la tierra.
Realmente me gusta mi trabajo, soy una apasionada del café y cuando mi madre murió me dejo una pequeña suma de dinero con la cual abrí la cafetería, fiel a la idea que tenía en la cabeza, un lugar donde se pudiese tomar café, navegar por internet o leer algunos de los libros disponibles en la mini librería que tenemos. La mayoría de los que vienen son clientes habituales, que comienzan un libro con el café del lunes, y lo terminan con el café del lunes siguiente, es un lugar bastante acogedor a mi parecer, con amplios sillones, colores hogareños y adornos de época.
Entre café y café olvide el evento del parque, hasta dejarlo en mi cabeza como un evento aislado, convenciéndome de que estaba imaginando cosas, no sería la primera vez.
Sin embargo a los pocos días después me di cuenta de que algo extraño estaba pasando con mi percepción.
Estaba en mi casa por la noche viendo una película, nada muy aterrador, de hecho era una de esas bonus de fin de semana, cuando no estás de ánimo para salir a ninguna parte. En un momento me levante y fui a buscar algo para comer, apenas me di vuelta para salir de la cocina me pareció ver a alguien reflejado en el refrigerador. Esta vez no fue como en el parque donde solo vi una silueta, ahora estaba segura de que había visto a alguien, un hombre para ser más exacta. ¿Qué significaba esto?, ¿Acaso estoy tan mal, al punto de no haberme dado cuenta siquiera de que había algo malo conmigo?.
Quizá pensar que estas dos situaciones eran parte de algo más era pasarme demasiados rollos en mi cabeza, pero a quien no le gusta pasarse rollos sobre las cosas que nos pasan?, todos lo hacemos, desde las relaciones amorosas, los estudios, los trabajos, etc. La vida misma es un gran rollo.
Le di un par de vueltas más al irme a dormir y a la mañana siguiente lo había olvidado.
Durante otras dos semanas no me preocupe del asunto hasta que un día en la cafetería sucedió de nuevo.
Vi una persona detrás del vidrio principal, quite la vista por un segundo, y ya no estaba. Esta vez estaba segura de que había visto a un hombre, de hecho me pareció familiar pero no identificable, esa sensación de “yo a ti te he visto...”.
Salí corriendo de la cafetería, igual que en las películas, deteniéndome en la entrada para no ver nada fuera de lo normal, sólo gente caminando normalmente, a la vez que una brisa pasó y me alborotó el cabello casi volando mi boina. Una vez que volví dentro, Rafael estaba en la barra con expresión de sorpresa, me pregunto qué me pasaba con el ceño fruncido, dudé unos segundos en contestarle.
- Vas a pensar que estoy loca- le dije, quizá no era buena idea comentarle a alguien más que estoy viendo gente, ni siquiera gente!, una sola persona.
- Jaja Ya pienso eso!, pero adelante cuéntame, porque si te vuelvo a ver salir corriendo voy a comenzar a pensar que de verdad lo estás y necesitaras buscar a alguien más que pelee con tus proveedores- dijo sonriendo, no estaba muy segura, pero le contesté igual, más que mal, además de mi administrador era mi mejor amigo
- Es que ya van tres veces en que creo ver a alguien, pero cuando vuelvo a mirar, ya no está, pero estoy segura de que lo he visto- lo mire detenidamente, esperando que no pensara que estoy loca.
- Mmmm..- Hizo una pausa tan larga, que pensé que tendría que buscar nuevo personal, porque él huiría despavorido.- Quizá es un recuerdo reprimido, o producto de un cuadro de estrés, quien sabe… hay muchas cosas que pueden afectar tu percepción -dijo después de un rato, bastante convencido y sin ninguna señal de pavor inmediato.
- A que te refieres con un recuerdo reprimido -
- Bueno, mi hermana que es psicóloga, dice que nuestra mente a veces nos da vistazos de lo que está escondido en nuestro subconsciente, o que reaccióna de cierta forma cuando necesita darnos una señal de un problema mayor.
- Quiere decir que yo conozco a quien sea que estoy viendo…-
- Es probable, si se tratase de un recuerdo reprimido, puede que sea alguien que conociste en tu niñez, el ayudante de tu dentista, alguien que te cedió el asiento en el metro, etc.
- Mmm vale....
En ese momento se desocupó una mesa  y un niño de ojos verdes se acercó a para darme las gracias. Repentinamente los recuerdos vinieron a mi mente.
Ya sé quien era la persona que estoy viendo!, claro que lo conocía, o algo muy parecido. No entiendo como no lo pensé antes. Era claramente la persona con los ojos más profundos que haya visto jamás.

2 comentarios:

  1. Me está gustando lo que leo, aunque me cuesta un poco por el color de la letra y el fondo, en cuanto tenga un rato tranquilo me paso y termino de leer todos los capitulos.
    Saludos!!

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    1. Gracias por comentar Arman, y espero que te siga gustando la historia ;)
      Lo de la letra ya lo arreglé ;)
      Cariños

      Catapzia!

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