jueves, 21 de marzo de 2013

Capítulo 18 – Atrapados




Antes de cruzar la puerta ya sabía que sería una pesadilla, me preparé mentalmente lo mejor que pude, pero hay cosas que tienen que pasar, de esos momentos en que sabes que el desastre se avecina y no puedes hacer nada al respecto. 

El momento lo imaginé de diferentes formas, pero cada una era peor de la anterior, traté de que fuese como un juego de ajedrez bien planeado, anticipando los movimientos de mi oponente, pero cuando te atacan por dos frentes el mundo se transforma en el infierno, y peor… 

Así se sentía mí lunes por la mañana, cuando aparecí en la cafetería, después de no contestar las llamadas ni los mensajes de Tania y Rafael en todo el fin de semana. 

- ¿¡Con quién te fuiste!? Desapareciste en la mitad noche – Tania claramente no pretendía decirme hola antes de comenzar con el interrogatorio, y estoy segura que ella tenía una idea casi certera de con quien había desaparecido. 

- ¿Por qué crees que me fui con alguien?- ella me miró con una ceja elevada, la cabeza inclinada y una sonrisa torcida, es decir su típica cara de “Tú crees que yo nací ayer” 

- ¿Llegó Aixza? – Escuché como Rafael preguntaba desde su oficina. 

- ¡Siii! – Gritó Tania sin modificar una pulgada su expresión – Pero no te ilusiones, me toca a mí el primer turno de interrogatorios. 

Estaba segura de que eso no le importaría mucho a Rafael, con lo extraño que estaba no me sorprendería de que me obligase a decirle hasta cuantas cucharadas de azúcar le puse a mi té en el fin de semana. 

Mi teoría demostró ser cierta a los treinta segundos después, cuando él apareció frente a mí con una de sus nuevas expresiones, furia. Últimamente había descubierto un lado de Rafael que no tenía idea que existía, y mucho no me gustaba. 

- Tania, necesito hablar con ella- No me quitó los ojos de encima mientras decía su ¿Orden?- Estoy seguro que quieres interrogarla con tiempo de sobra. 

- Uh- Tania volvió a su pose habitual, la de “me da lo mismo” – Ok, pero prepárate, mira que quiero saber que paso con Leo – Y se giró dando saltitos hacia la caja, notablemente contenta consigo misma. 

Típico de Tania, ¡¡Tira la bomba y sale corriendo!! ¡Obvio que ella sabía que me fui con Leo!, ¡Y lo dijo frente a Rafael exclusivamente para crearme un problema! Rafael no hizo ni el más mínimo movimiento, así que me limité a caminar en dirección a mi oficina, si iba a ser interrogada lo sería en mi territorio. 

Entramos a la oficina en silencio, me senté en el sillón y suspiré, esperando lo que fuera que saliera de la boca de Rafael. 

- ¿Qué estás haciendo?- Me preguntó calmado pero con angustia, no era lo que esperaba, ¿¡Dónde estaban los gritos!?, ¿¡Dónde estaban las llamadas demandantes a las 4 de la mañana!? 

- ¿A qué te refieres? 

- Me refiero a que qué estás haciendo, estás actuando muy diferente, distante… 

- Rafa…- me paré para estar a su misma altura, o al menos intentarlo- ¿No crees que eso debería preguntarlo yo? 

- Mira, admito que he estado algo demandante estos días, pero … 

- ¿Pero…?- pregunté conteniendo la respiración, este se parecía más a mi mejor amigo. 

- No lo sé, hay algo… 

- ¿Algo como qué? – Por favor no… 

- No sabría explicarlo, pero hay algo diferente en ti últimamente…- no pudo explicarme, sólo se quedo quieto mirándome. 

Podría haber cruzado la habitación un elefante y ninguno de los dos se habría movido, la tensión era demasiada, las palabras no dichas gritaban estruendosamente. Sentí una corriente helada en todo mi cuerpo, la anticipación de lo que no puedes evitar, esa sensación extraña en la boca del estómago que evita que las palabras salgan de tus labios, que no te deja moverte. 

Rafael dio un pequeño paso en mi dirección y mi estómago dio un tirón ¡oh no!, ¡oh no!, levantó su mano para quitarme un mechón de pelo de la cara, ¡No lo hagas!, tomó mi barbilla para que nos mirásemos a los ojos, ¡Detente!, su boca comenzó el lento camino para estar a un milímetro de la mía y cerré los ojos para lo inevitable… 

Y se alejó de golpe. 

Me desplomé en el sillón con la respiración agitada, sentí como mis ojos se humedecían pero sin derramar lágrimas ¡Que fue eso! Quise decirle, ¡Somos amigos! Gritaba cada célula de mi cuerpo, pero no pude emitir un sonido, mi cuerpo estaba paralizado mirándolo en shock. 

Él se veía bastante sorprendido también, viéndome fijamente como si no supera lo que acababa de pasar, sus ojos pardos abiertos de par en par, respirando agitadamente como si se estuviese ahogando, abrió la boca para decir algo pero la cerró al instante y salió de la habitación. 

*** 

No vi a Rafael en el resto del día. Cuando logré salir de la oficina Javier me dijo que había salido sin decir una palabra. Admito que me sentí aliviada de no verlo, pero una parte de mi moría por saber que había pasado en la oficina. 

Pero mi alivio no duró mucho. 

- ¿Y? – Tania esperaba con ansias su oportunidad 

- Nada – dije cortante 

- ¿Cómo que nada?, ¡Primero te fugas con Leo y ahora haces llorar a Rafael!, quién lo hubiese creído 

- ¿Llorar?- 

- ¡Es un decir mujer!, pero Rafael se veía bastante alterado cuando se fue, ¿Qué le hiciste? 

- Nada…- 

- De verdad, ¡Tú para con los monosílabos y dame algo concreto! 

- Ehmm tenían más de dos sílabas las palabras que te dije. 

- ¡Sabes a lo que me refiero! 

- Ok, ok – La tomé y la lleve a un rincón- Casi nos besamos- le conté en un susurro. 

- ¡Con Leo!- gritó con ojos brillantes 

- Shhhh- la hice callar- No, con Rafael 

- ¡¡Oh my God!! ¡Lo sabía, lo sabía!- ahora no podría callarla jamás – ¿Espera?, ¿Sólo un beso?, ¿Tan poco? 

- ¡Que no pasó nada!- su cara mudo de la alegría a la risa incontrolable. 

- Jajaja con razón salió tan alterado Jajaja 

- No tienes caso… y en cuanto a Leo 

- Verdad, ¡Leo! Estas desatadísima tú oye 

- Tampoco paso nada- sin querer mi voz sonó como a lamento. 

- ¡Pero mujer!, Leo es entretención pura, y tú no la aprovechas- 

No quería explicarle mucho, así que levanté los hombros y me escondí un rato en la oficina, mi escape habitual estos últimos días. 

Habían pasado dos días y no tenía noticias de Leo, estaba segura de que él llamaría para dar alguna sugerencia de lo que haríamos, pero pasaban los días y él no daba señales de vida. 

Al final del segundo día, llegue a mi casa y lo llamé por teléfono, evitaba hacerlo en la cafetería por si Rafael o Tania escuchaban algo, mi instinto me decía que por mi propia sanidad mental mejor dejarlos lo más alejados de Leo. 

El celular sonó dos bips y él contestó. 

- ¿Y tú dónde estás?- 

- Uhhh pequeña, no es necesario que grites- se escuchaba con algo de eco 

- ¡La inauguración es en dos días!- él me sacaba de quicio sólo con abrir la boca. 

- Lo sé, lo sé, por eso vengo desde el museo. 

- ¿Cómo que vienes? 

- Abre la puerta. 

Abrí la puerta y allí estaba él, vestido completamente de negro con una bolsa amarilla estridente en la mano, cortó la llamada y entró al departamento entregándome la bolsa en el camino. 

- ¿Qué es esto?- abrí la bolsa y vi un overol gris bastante horrible 

- Tú camuflaje 

- ¿Disculpa? 

- No pongas esa cara pequeña, no es tan feo, nada que un par de accesorios no pueda arreglar – dijo con una sonrisa reprimida. 

- Yo no soy como Tania… 

- No te amargues, yo tengo uno igual, es para entrar al museo. 

- ¿Tienes alguna idea? 

- Más o menos, ¿Y tú? 

- Algo así- le dije, la verdad es que tenía algo dándome vueltas en la cabeza hace un rato...- ¿Tú eres bueno con la tecnología no? 

- Llámame Leo, el terror del pentágono, ¿Porqué? 

- Creo que sé como tener más pistas del motociclista. 

- Te escucho…. 

--- 

Llegamos más temprano de lo pensado al museo, porque Leo quería esconder un bolso con armas de repuesto en caso de que necesitásemos defendernos. Creí que estaba bromeando, pero como pocas veces, su voz no tenía una gota de humor en ella. 

Él lucía en cada brazo unos pequeños escudos de los cuales de extendían dos espadas, estas seguían tan bien la forma de su brazo que parecía hubiesen sido hechas para él, se camuflaban a la perfección con el traje de la empresa sanitaria, pero cuando levantó un poco la manga, el brillo plateado de las espadas fue inconfundible, se veían hermosas y letales. 

- ¿Qué son? - le pregunte después de haberlos examinados visualmente 

- ¿Estas?- dijo apuntando a su brazo 

- Si, las vi en tu casa la otra vez, recuerdo que estaban en la pared. 

- Tirdrapes… - se levanto la manga para que pudiese verlas mejor- si, son armas hechas a mano, personalizadas para cada alfil, sólo existe un artesano en el mundo las fábrica y no pueden ser llevadas por cualquiera. 

- ¿Porque no? 

- Porque no todos tenemos el mismo propósito- me dijo dándome un toque en la nariz- el arma depende de lo que el alfil necesite, y no rara vez los alfiles necesitan armas 

- ¿Que necesito? 

- No puedo decírtelo, ya sabrás cuando un arma es para ti, pero yo ya puedo hacerme una idea- no pregunte de nuevo, no fue necesario. 

Dejamos nuestros disfraces en el. Armario y comenzamos a caminar hacia el salón principal en silencio, el único sonido era el carrito que llevábamos con transmisores y herramientas varias. 

Cada corredor estaba lleno de pinturas y estatuas del siglo XIV, un recorrido bastante escalofriante, podía sentir como las pinturas me miraban, aunque era obvio que mi subconsciente había visto demasiadas películas. 

Apenas llegamos Leo se dedicó a reconfigurar las cámaras de seguridad, para que le llegasen las imágenes a un servidor externo y así poder buscar después todas las pistas posibles para identificar al motociclista. 

- Repíteme de nuevo, ¿Cómo sabemos que él efectivamente va a venir?. 

- nho lho sbemhs - dijo con un trozo de huincha en la boca, lo tomó con los dedos y repitió- no lo sabemos, pero tengo una teoría 

- ¿Cuál? 

- Si nosotros vemos las trampas como mensajes, posiblemente a él también le pase, pero esta vez a nuestro favor. 

- Sueña plausible 

- aja, ¿Me alcanzas la batería? - apuntó al bolso, que se encontraba a mis pies, me sorprendió ver la cantidad de cosas que traía, pero más que nada, me llamaron la atención dos pequeñas dagas con empuñadura blanca y una inscripción en griego, las tomé con cuidado y apreté ambos mangos, la sensación en mis palmas fue plena. 

- ¿Puedo llevar estas? - él levanto la cabeza y me contestó 

- Rómulo y Remo…- nombró a las dagas- esas pequeña- se acercó y las puso en las manos contrarias, con una sonrisa que me decía que él ya sabía que llamarían mi atención- las traje para ti. 

**** 

Recuerdo muy bien mi primera misión, Alicia ya sabía ir tipo de alfil era yo, así que nos saltamos la introducción y fuimos directo al grano. Me acuerdo que tenía que evitar que una joven se encontrase con su novio a cierta hora, porque ella no sabía que él era un narco traficante y lo emboscarían a la misma hora y en el lugar que habían planeado juntarse. Fue bastante divertido a decir verdad, la misión era básicamente ser yo mismo. 

Tantas cosas habían pasado desde esa primera misión, en ese entonces jamás habría imaginado que algún día estaría en un museo a la media noche junto a otro alfil, armados hasta los dientes y con la determinación de lastimar a otro ser humano si era necesario. 

Aixza era muy sigilosa, aún no terminaba de asombrarme como ella cambiaba de swich tan rápidamente y se volvía 100% alfil de un segundo a otro. Tomamos nuestra posición en el balcón que daba al salón y esperamos... 

La primera vez que mire mi reloj eran las 10.35, ya había pasado la media noche y nada pasaba. 

Cuando faltaban unos minutos para la una de la madrugada lo vinos entrar, caminó directo hacia un mesón que había el fondo y saco una katana, que probablemente había escondido con antelación. Al parecer mi teoría era correcta, él creía que esta era su trampa. 

Tome el control remoto y active la red, la principal de mis trampas, él estaba justo sobre el mesón, mejor terminar con esto rápido. 

Pero fallé. 

El mecanismo de correas de la red se atascó y el tipo se movió justo a tiempo para escapar del atrape. 

Tomé a Aixza de la mano y la tiré al suelo, él ya tenía la posición de pelea armada, con su katana en alto. Ella me dio un tirón e hizo con la mano varios gestos indicando que nos separáramos, la idea no me gustaba más que el quedarme escondido en el segundo nivel, no podía dejarla sola, pero ella tenía razón, por lo que cada uno avanzo hasta extremos opuestos de los balcones, mientras el subía la escalera mirando hacia todos lados. 

Seguía llamándome la atención que él no se sacará el casco en ningún momento, hizo que me cuestionara si era correcto por nuestra parte ir siempre a las misiones a rostro descubierto. 

Y entonces la vio. 

Él vio a Aixza en el corredor opuesto, pero ella no se veía asustada, tenía las dagas tomadas con firmeza y lo miraba desafiante, de frente. Avanzó hasta ella con la katana en alto, listo para atacarla, y ella lo evito con gracia dándole una estocada con precisión en el costado, pero no fue suficiente, el aprovecho la proximidad y le tomó el brazo llevándola hacia sí. 

Ella dio un salto y le pateó el pecho con ambas piernas dando una vuelta en el aire, arrojando su katana a varios metros de distancia, si yo creía que ella no sabía defenderse, estaba muy equivocado, él arrojo un gancho certero en su estómago, arrojándola al suelo y recogió la katana, cuando se volteó ella ya estaba con ambas dagas listas para defenderse. 

Lo que vino después fue en cámara lenta. 

El metió una mano en su pantalón, rebelando una pequeña, pero no menos peligrosa, pistola, Aixza se congeló al ver el arma, el comenzó una risa nerviosa al ver su superior estado, yo me acerqué en silencio por la espalda, hasta estar a una distancia no mayor a tres metros, él apoyó su mano en una baranda de metal y movió la pistola hacia arriba y hacia abajo, haciendo una reflexión silenciosa. Al ver ese acto yo hice lo mismo, y presioné la palma de mi mano contra la baranda concentrándome en silencio. 

Él dejó caer la pistola al sentir como su mano se quemaba, Aixza avanzó hacia él y recogió el arma. 

Corrí hacia ella y la tomé con la mano contraria a la que había utilizado para calentar la baranda, usualmente mis manos se demoraban unos minutos en volver a la temperatura corporal adecuada, pero al menos podía independizarlas. 

Ambos avanzamos por el museo a toda velocidad, no me arriesgaría a ver cuántas pistolas más traía con él. 

Nos escondimos en el mismo armario que guardaba el resto de nuestras armas, y allí esperamos en silencio mientras el peligro pasaba. 

** 

“La tentación por lo prohibido, es la peor de las enfermedades” me había dicho Tania una vez, y no podía dejar de repetir esa frase en mi cabeza mientras tenia a Leo frente a mí, pegado a mí, sumidos en la completa oscuridad, tan cerca que su respiración rozaba mi frente, era un cosquilleo constante que me enviaba pequeñas descargas cada vez que exhalaba. Era incómodo, pero no desagradable. 

Traté de acomodarme y poner algo de distancia entre nosotros, no porque en realidad quisiera, si no que para poder concentrarme en lo que pasaba al otro lado de la puerta, pero lo único que logré fue tropezarme, Leo me tomó al instante y evitó que provocase un estruendo. Al tomarme con fuerza entre sus brazos sentí que explotaba, quizá era la adrenalina de la persecución, o el estrés acumulado de las últimas semanas, pero le agradecí al motociclista estar persiguiéndonos, me sentía tan bien que olvidé que estábamos en peligro de muerte. 

Leo tragó saliva y sentí su garganta moverse en mi frente, a lo que suspiré, liberando el oxígeno que tenía acumulado en mis pulmones. Él apretó ligeramente las manos a mi espalda y se alejó unos centímetros, no por completo, pero aumentó sutilmente la distancia entre nuestras caderas. 

Sólo había una razón para ese acto, y eso me mando un shock eléctrico directo a mi estómago tan fuerte que estaba segura que él había podido sentir como me estremecí. 

Ahora fue él quien suspiró, no una ni dos, si no que dio tres largos suspiros y dijo en una voz no muy convencida. 

- Creo que ya no está, quizá debiéramos salir- las palabras rozaron mi oído 

- De acuerdo- contesté, aunque mi cuerpo pedía quedarse ahí para siempre 

---- 

Me siento un idiota, la tenía tan cerca, estaba tan cómodo disfrutando su proximidad que olvidé completamente dónde estábamos. Al sentir como el aire entraba y salía silenciosamente de sus pulmones mi cuerpo reaccionó, y esa reacción me regresó a la realidad. Habría sido tan fácil dejarme llevar, pero no es posible, hay cosas más importantes que darle en el gusto a mis sentidos. 

Giré la manilla con cuidado y asomé la cabeza, aún con una mano en su cintura. 

Sentía como una gota corría desde mi frente hasta mi mandíbula, la tensión me estaba superando. Estaba la angustia de haber fallado, el peligro de que nos encontraran, la necesidad de protegerla tal cual como me lo había pedido la dama, todo eso sumado a que estábamos sólo a milímetros de distancia, en la oscuridad, tan quietos que podíamos escuchar los latidos del corazón del otro. 

Me odié a mi mismo al sentirme decepcionado al ver el corredor despejado ¿¡Qué pasaba conmigo!?, ¡No había peligro y yo estaba decepcionado!. Solté el agarre de su cintura y di un paso hacia el pasillo. 

- Vamos, está despejado 

- Ok…- no sonaba aliviada, la miré y ella me miraba de vuelta en una forma extraña, no, en realidad no era extraña, porque estoy seguro de que yo tenía la misma expresión en el rostro, como saliendo de un trance. 

- ¿Dónde crees que se fue? – preguntó mientras acomodaba sus dagas sin levantar la cabeza. 

- Probablemente al gran salón. 

- No creo..- la miré directo, los minutos en el armario parecían haber desaparecido por completo, como si jamás hubiesen pasado, se veía completamente concentrada- Ese pasillo da a dos puertas, una es la azotea y la otra la galería donde llegan las obras nuevas, es un caos con pasillos de pinturas clasificadas sin exponer- 

- ¿Cómo…? 

- Hice mis tareas, memoricé los planos del museo, pero no recuerdo exactamente cuál es cuál… - admito que me sorprendió bastante esta medida extra de protección, yo tenía mil armas y varios planos, pero nunca pensé en memorizar ninguno. 

- Entonces tendremos que improvisar, ¿Necesitas más armas?- le pregunté mientras abría el bolso de armas que habíamos escondido. 

- No, tu tranquilo, con las dagas estoy bien, algo más grande me va a molestar- me ayudó a guardar el bolso de nuevo en el armario- ¿Y tú? 

- Yo sólo necesito mis Tirdrapes, ya son extensiones naturales para mis brazos- pasé un dedo por la afilada hoja con melancolía- …pero nunca creí que llegase a necesitarlas de verdad. 

- Se acabó el entrenamiento para ambos entonces 

- Exacto… ¿Qué lado prefieres? 

- Yo tomo la izquierda, el que lo encuentra primero lo entretiene para que trabajemos juntos. 

- De acuerdo pequeña, pero si lo atrapo primero te perderás toda la diversión. 

- ¡Sólo atrápalo quieres!- ella estiró la mano para darme un pequeño golpe… 

--- 

Sentí que me daría un infarto en cualquier minuto, pero al salir del armario toda la atmósfera extraña desapareció para dar paso a otro tipo de adrenalina. 

Una vez armados y listos, Leo va y abre la boca haciendo que me den ganas de golpearlo nuevamente, tan diferente era el ambiente dentro y fuera del armario, de la tensión nerviosa a la excitación propia de un desafío. 

Ciertamente lo creo capaz de tratar de lidiar con el motociclista sólo, y no creo que le vaya muy mal, pero no era lo correcto, más que mal ahora éramos un equipo. 

Ya como acto reflejo, levanté mi mano para golpearlo y él tomó mi mano con firmeza y me llevó hacia él tan rápido que no me dio tiempo de reaccionar, cuando quise decir algo él detuvo su agarre, dejando nuestros rostros a escasos centímetros, me miró directamente a los ojos y depositó un suave beso en mi mejilla. 

Pese a ser en la mejilla ese beso, lo sentí en cada molécula de mi cuerpo, expandiéndose como electricidad pura. 

Él me soltó con suavidad y me susurró al oído. 

- Para la suerte pequeña 

A lo que comenzó a correr hacia la derecha, dejándome helada por un minuto. 

Cuando recuperé la compostura inhalé profundamente, ordené mentalmente las ideas, preparándome sicológicamente para la idea de encontrarme frente a frente con el motociclista y comencé a correr hacia la izquierda...

2 comentarios:

  1. Hola, Catapzia, recién ahora me estoy poniendo al día con tu novela. Me gustó muchísimo este capítulo, aunque suponía que no iba a pasar nada entre Leo y Aixza.
    Hay algunos errores ortográficos y gramaticales, como en la última oración que pusiste "sicológicamente" y es psicológicamente.
    Besos.

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    1. Gracias Dany,
      Tengo que re-editar toda la blognovela porque yo me he encontrado también con varios errores, entonces estoy haciendo una edición a mano primero y luego la traspaso a lo que tengo online (y te cuento que la quiero subir a Wattpad también).
      Con Leo y Aixza... Uffff
      Cariños

      PS: Si me quieres apuntar a los errores gramaticales yo feliz, porque a veces cuando estoy escribiendo, no los pillo a la segunda o tercera lectura ya que me centro en la historia.

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