jueves, 21 de marzo de 2013

Capítulo 17 – Un Bello Mensaje



Cuando leo me dijo que tenía más cosas que yo, no estaba bromeando, llegamos a su departamento y la entrada ya me pareció extraña, su puerta necesitaba un código de 4 dígitos y la huella digital para abrirse, no se encendieron las luces hasta que ambos cruzamos el umbral y una extraña luz nos iluminó por 10 segundos. 

Entramos a la sala de estar y me sentí en una película de espías, en un rincón tenía un pequeño sofá negro con cojines rojos, una mesa para 4 de vidrio, todo el resto estaba ocupado por un escritorio gigante, con tres pantallas de computador y varias cajas negras, pude distinguir un par de chalecos anti bala sobre la silla de cuero y varias armas colgadas, ninguna era de fuego, habían cuchillos, dagas, katanas, una bolsa con pequeñas bolas de metal llenas de puas y en el centro de la pared habían dos que no supe que eran. 

Yo estaba boquiabierta mientras Leo se dedicaba a revisar la pantalla junto a la puerta, al parecer estaba viendo lo que había pasado en su ausencia, lo escuché dan un suspiro de alivio antes de acercarse hacia donde yo estaba. 

- Ya han tratado de irrumpir acá, instalé todo el sistema hace dos semanas- vio que yo estaba contemplando su colección de armas- ¿Esta genial no? 

- ¿Te crees James Bond?- 

- Sólo soy precavido, tu deberías hacer lo mismo, si quieres vamos más rato y te instalo algo parecido, pero la huella va a tomar al menos dos días y el sensor de peso y volumen al menos una semana- por la velocidad con la que hablaba supe que lo decía en serio, pero yo estaba demasiado cansada como para pensar en mi seguridad personal 

- Te recuerdo que eventualmente tenemos que dormir, así que cuando me muestres lo que querías yo emprenderé mi retirada. 

- Pensé que dormirías conmigo – dijo totalmente despreocupado mientras colgaba la chaqueta en un perchero negro de tres puntas. 

Lo quedé mirando atónita, cuando pensé que me estaba acostumbrando a él, abría la boca. 

- Jaja no te ilusiones pequeña, me refería a que puedes dormir en mi pieza extra, no suelo mesclar negocios y placer – no había burla en su voz, y no sé porqué me sentí algo desilusionada- son cerca de las 8, podré el despertador a las 12 y vemos que hacemos, ¿Te parece? 

Asentí. Me llevo a una pequeña pieza frente al baño, había sólo una cama y un velador sin lámpara en el. Apenas cerró la puerta mi cuerpo reaccionó, estaba muy cansada, no sólo física, sino que tambien mentalmente, había recibido una información algo traumante hace sólo unas horas y ya no me sentía sorprendida, sino que me parecía lógico, yo tenía 24 pero parecía de 21, y probablemente siguiera viéndome así por muchos años. Recordé a Cienfuegos quien se veía cercano a los 40 y cómo Giles me dijo que él era un jugador con mucha experiencia en un tono casi de asombro, no pude evitar preguntarme cual era su edad verdadera, pero después, a esa hora mi cabeza ya no quería seguir pensando. 

La cama era cómoda, se notaba, por el olor a encierro que salió cuando la abrí, que no era utilizada muy seguido, deje mi falda y la blusa en el velador y a los dos segundo me puse la blusa de nuevo, suelo moverme mucho cuando duermo por lo que preferí evitar que Leo me viese en ropa interior cuando viniese a despertarme por la mañana y saliese con alguna de sus idioteces. Cerré mis ojos y deje que mi mente descasara. 

** 

Admito de que estaba tentado de contestar otra cosa cuando a ella se le desfiguró la cara al decirle que durmiera conmigo, pero no, las reglas existen por una razón, aún cuando no se apliquen directamente a mí. 

Quizá debería haber sido más caballero y ofrecerle mi pieza en vez de la de Joanna, pero no creo que sea buena idea tener su aroma en mi cama... Además ese cuarto lleva demasiado tiempo vacío, le hace falta algo de vida. 

Me acosté tratando de no hacer mucho ruido, estas paredes lamentablemente son delgadas y si ella ya estaba durmiendo probablemente la despertaría. Decidí darme una ducha, más que nada para sacarme el humo y despejarme un poco. El agua tibia se sentía tan bien, me ayudaba a relajar el cuerpo y la mente, siempre a la temperatura correcta. 

Abrí la ventana y cerré las cortinas antes de dormir, el calor era insoportable, y lo último que escuche fue el cantar de Federico en la ventana. 

*** 

Un bosque. Definitivamente estaba parada en un bosque, sin idea de dónde estaba el norte o el sur, sólo con árboles en todas direcciones. Realmente hacía calor, al subirme las mangas y bajarme la capucha me di cuenta que estaba con el atuendo de alfil, salvo que no era mi limbo, pero no era un sueño corriente, instintivamente pegué mi espalda a un árbol y traté de escuchar todo, cerré los ojos para concentrarme mejor y me quede quieta, al paso de dos minutos escuché un ligero crujido a mi izquierda, trepé por el árbol en el que me apoyaba poco más de tres metros sobre mi cabeza y avancé en esa dirección, tratando de caminar por los puentes que se formaban entre las ramas de los árboles. 

Cuando no quedaban ramas me di cuenta que había llegado a un claro. El único punto de todo el bosque donde era posible ver el cielo. El claro estaba vacío, por lo que volví a cerrar mis ojos concentrándome con todas mis fuerzas, pero no escuche nada. Bajé del árbol y caminé hacia el centro del claro, quizá no fuese una buena idea pararme en el lugar más expuesto, pero tenía una corazonada de que no me pasaría nada. 

Al llegar al centro escuche un crack!, me giré a toda velocidad lista para dejar que mi cuerpo reaccionara ante la amenaza, cuando me di cuenta de que Leo estaba entre dos árboles con la misma cara de sorpresa que yo, y vestido de alfil al igual que yo, salvo que su traje era color verde olivo, lo que combinaba perfectamente con sus ojos, y que lo hacía más similar aún a Robín Hood. 

- ¿Este es tu limbo? – dije, dando dos pasos en su dirección 

- No, nunca había estado aquí antes- se agachó para recoger un puñado de hojas del suelo. 

- ¿Qué haces? - le pregunté cuando comenzó a llevárselas a la boca. 

- Trato de ver si encuentro algún aroma - 

- ¿Puedes hacer eso?, pensaba que sólo los muy viejos pueden- 

- Si y no, puedo identificar si este espacio es de un alfil o un guardián, pero sólo si me concentro mucho- cerró los ojos y comenzó a inhalar sobre las hojas- y no necesariamente son viejos los que pueden hacer esto, son los experimentados. Mi padre me enseñó que los alfiles tienen el olor móvil del limbo y los guardianes el fijo- volvió a abrir los ojos y ahora me miraba directamente- tú por ejemplo, se supone que debes oler a nubes y asumo que tu guardián olerá a sol, lo que quiere decir que tu aroma es más fresco y húmedo que el de él - no me estaba gustando mucho la explicación, trate de imaginar cómo olía el sol cuando me di cuenta de algo 

- ¿Y tú cómo sabes cómo es mi limbo? - me sentí extrañamente desprotegida, como si me hubiese visto en ropa interior. 

- Disculpa, debería habértelo dicho antes, más aún siendo algo tan personal como eso- dejó las hojas de lado, sonaba genuinamente arrepentido, pero yo aún me sentía incómoda- lo vi justo antes de conocerte, alguien me llevo allí, y supongo será la misma persona que también nos trajo aquí. 

- Supongo... Pero ¿Cómo pretender ver de quién es el lugar si hay ambos aromas? 

- Uno debe ser más fuerte- se levantó y tiró la hojas al suelo- en todo caso no importa, ¡Porque no hay olor dominante! - se giró para darle un golpe al árbol, vi cómo se movía todo el tronco hasta las hojas superiores, seguramente tenía mucha fuerza. 

Comencé a sentirme igual de impotente que él se veía, no me gustaba quedarme quieta esperando, no iba conmigo eso, siempre me he mantenido en movimiento. 

Había decidido trepar de nuevo al árbol para tener mejor vista, cuando sentí otro crack, que estaba segura no era de Leo, ya que él estaba tirado en el suelo mirando el cielo, visiblemente enojado con ambos puños cerrados. Esperé para ver si veíamos alguien más, pero nada, cuando apareció una pequeña ardilla, la que se paró justo en la rama que estaba sobre mi cabeza y saltó a una un poco más lejana, desde la que me miró fijamente. 

- ¡Leo! ¡Vamos!- le dije moviendo su pierna con la punta de mi bota, sin perder de vista a la ardilla-¡creo que quiere que la sigamos! 

- ¿Ah? ¿Quién? 

- Ella- y apunté a la rama desde la que nos miraba la ardilla- 

- ¡Estas de broma!, No voy a seguir a una ardilla!- sonaba ligeramente ofendido ante la idea 

- ¿Tienes un mejor plan?? 

Ante eso no encontró nada que decir y se levantó. Caminamos dentro del bosque siguiéndola, cuando, de un segundo a otro, comenzamos a sentir un sonido diferente, ya no corría viento y los árboles eran menos espesos, miré a Leo y él me miraba de vuelta, pero sin intenciones de decir nada, ambos sabíamos que era esto. 

El bosque lentamente de transformó en un silencioso Museo, lleno de pinturas de diferentes épocas, reconocí algunas y otras no logré decidir si las conocía, o simplemente me resultaban familiares por ser antiguas. Pero era obvio, estábamos en el Museo de Bellas Artes. 

- ¿Tú crees que sea una trampa?- Leo miraba en silencio cada uno de los corredores visibles, cuando relajó la postura contestó 

- Eso lo sabremos pronto, si hay salto, entonces es un mensaje de los nuestros, si no…- no completó la frase- bueno ya supondrás... 

- Esperemos entonces.. – miré todas las paredes, por si había algo en ellas que me indicara la fecha, o al menos nos diera una idea, un afiche amarillo llamo mi atención- ¡Leo! ¡Mira hacia el último pilar! 

Avancé hasta el otro extremo del salón, sin fijarme si él me seguía o no, si estábamos soñando eso no importaba mucho. 

El afiche decía en letras verdes y blancas 

"Sudamérica gráfica, 13 países, 13 fotógrafos, 13 visiones. Del 13 al 26" 

- Esto reduce las fechas- sentí como Leo apoyaba su codo en mi hombro, me sacudí con fuerza y él casi se cae 

- ¡¡Oye no soy un mueble!! - él abrió la boca para decir algo y la cerró de golpe. 

Sentí mi cuerpo ponerse rígido y perdí la capacidad de moverme libremente. Mire a Leo y él estaba tal como yo, pero además de eso, tenía un brillo especial en sus ojos, estaba contento. 

Cuando comenzamos a movernos y la sala empezó a retroceder en el tiempo comprendí porqué estaba contento 

Un salto 

¡¡Este era un mensaje original! ¡No una trampa!. 

El tiempo se detuvo cerca del mediodía, el museo estaba relativamente lleno, había una música suave en el ambiente y las personas circulaban con una copa llena de champaña. 

La inauguración... Era el 13! 

Ambos avanzamos simétricamente, y en el borde del salón vemos una mano masculina con un papel en ella, cuando el papel cae, recuperé mi voluntad. Al mismo tiempo vemos el papel que se desliza a nuestros pies y leemos el mensaje 

“Las campanas sonarán con la llegada del cambio, mientras tanto hagan su jugada” 

Leo me pasa el papel y corre al salón continuo, pasando entre medio de dos señoras vestidas muy elegantes que dan una carcajada nerviosa cuando él las atraviesa, como si les hubiese hecho cosquillas. 

Vuelvo a leer el mensaje varias veces hasta que Leo vuelve a mi lado. 

- No logré ver quien era 

- ¿No fue quien te mando los mensajes a ti? 

- No, mis mensajes los envío una dama, y no se sí viste la mano con claridad, pero no era muy delicada que digamos- me quitó el papel con suavidad de las manos y lo repasó con la vista un par de veces- ¿No será tu guardián? 

- No creo...- suspiré - si fuera Giles no tiene porque esconderse- le quité el papel de nuevo para mirarlo con cuidado. 

- Al menos sabemos que no es una trampa, se cumplió el protocolo del salt....- no alcanzo a completar la última palabra cuando se puso rígido nuevamente. 

Caminamos hacia la salida del museo en automático y al cruzar la puerta estábamos en el bosque. 

- ¿Y ahora? ¿Cómo se supone que despertáremos? Terminar los mensajes es algo de guardianes, no sirve de mucho tener una pista si nos quedamos encerrados acá para siempre! 

- ¡No seas fatalista hombre! - escuché un ligero sonido en el fondo del bosque y tomé la mano de Leo- vamos, por acá despertaremos.... 

**** 

Ella me tomo la mano tan decidida, como si hubiese visto algo en el bosque. Diez metros más adelante todo se puso difuso y sentí como su mano se soltaba de la mía. 

Desperté tranquilo en mi cama, dos minutos antes de las 12., sin comprender que había pasado. 

Me levanté y corrí a la pieza contigua, cuando tomé el pomo de la puerta atiné a que quizá ella dormía sin falda, o sin blusa.... Mi mano se cerró más en la perilla ante ese pensamiento pero mi cabeza fue más fuerte. Tomé un respiro y di dos pequeños golpes. 

Ella abrió la puerta al instante, y me miro con los ojos abiertos. Nos quedamos un segundo mirándonos fijamente y luego me di cuenta de que ella no llevaba la corta falda de la noche anterior, su pelo estaba despeinado, cómo si su primer impulso hubiese sido el mismo que el mío, olvidé completamente lo que quería decirle. 

Sus ojos me miraban fijamente y luego bajaron a mi abdomen, había olvidado de que yo tampoco estaba vestido, me encontraba sólo con mi ropa interior. Ante la escena matutina, y para evitar algo más incómodo aún, me di la vuelta. 

- Tenemos que hablar, voy a poner el agua para hacer café, para despertar mejor después de vestirnos- con la última palabra no pude evitar sonreír - o si prefieres podemos conversar así… 

- Creo que mejor nos vestimos- ella cerró un poco la puerta y antes de cerrarla por completo agregó- y mejor yo hago el café. 

**** 

Me puse la falda y la blusa lo más rápido que pude y corrí al baño a peinarme un poco. Pese a que sólo había sido un minuto, la escena me dejo algo nerviosa, no sé qué era, pero un pequeño movimiento en la boca del estómago me decía que debía sentirme avergonzada. Me mojé la cara varias veces y con un poco de papel higiénico, saque las manchas negras que había dejado el rímel bajo mis ojos. 

La cocina era pequeña pero cómoda, Leo aún no salía de su pieza así que busque en los gabinetes por el Café de verdad. No sé qué esperaba encontrar al revisar su despensa, quizá cervezas y licores varios para beber y sólo snacks o comida congelada para alimentarse, pero lo que vi no podía ser más opuesto, habían unas cuantas cervezas y snacks variados, pero no más de los que yo mantenía en mi departamento para las visitas. El resto del contenido era sólo alimentos saludables, en la ventana había un pequeño macetero con especias para cocinar. Toqué una hoja de orégano y me llevé la mano a la nariz, que olor más fresco, no sé cómo no se me había ocurrido a mi hacer eso en mi casa. 

- Es bueno saber de dónde viene tu comida, ¿No crees? - Leo me miraba desde el marco de la puerta, vestido con unos pantalones cortos color café, descalzo y una camiseta color crema, olía a jabón y tenía el cabello aún húmedo. 

- ¿Donde tienes el café? – abrí otro gabinete retomando la búsqueda donde la había dejado, pero me sentía algo incómoda. 

Él hizo un gesto para que mirase a mi izquierda, y ahí estaba, justo frente a mí, me sentí una estúpida. Lo tomé y lo puse en la cafetera, salí de la cocina y me senté en la mesa. 

- Entonces estas seguro de que no era una trampa? – mientras antes discutiésemos que había pasado, más rápido podría salir de ahí 

- 100% seguro, esta es nuestra oportunidad- él tenía en la mano dos vasos con agua y hielo, se acercó y me ofreció uno- en caso de que tengas algo de resaca. 

- No tengo – de todas formas acepté el vaso, tomé un sorbo y redirigí la conversación al asunto que de verdad importaba- ¿Y quién crees que nos mando el mensaje? 

- Seguramente alguien que quiere ayudarnos- se puso a jugar con un dado que tenía enfrente, parecía estar debatiendo algo internamente por la forma en que movía sus labios y meneaba la cabeza- 

- ¿Qué? - no aguanté y le pregunté 

- ¿Cómo lo hiciste? 

- ¿Qué cosa? 

- Sacarnos del limbo 

- ¿Tú lo dices porque eso sólo lo pueden hacer los guardianes? - para que viera que no sabía tan poco 

- Exacto- 

- La verdad es que no lo sé, Giles me preguntó lo mismo una vez que lo convoque.. 

- ¡¿Puedes convocar?! 

- Si... 

**** 

Una alfil que puede convocar y salir del limbo a voluntad, no es algo que sea común, si esa es su habilidad nos vendría de lujo, pero si no... Si es algo que ella no me esté contando... Aquí hay gato encerrado. 

Ella se fue después del café, al ser sábado no tenía que ir a la cafetería, yo decidí hacer lo que siempre hacia en momentos de confusión, pese a que trataba de estar confundido lo menos posible 

- ¿Alo? - su voz no cambiaba con los años, profunda y segura. 

- Soy yo 

- Hola Leónidas- nunca le gustaron los sobrenombres- ¿Cuál es el problema? 

- ¿Porqué siempre preguntas eso al comienzo?, ¿Un hijo no puede llamar a su padre para saber como esta? 

- Leónidas, estoy en Fiji, no creo que quieras gastar en llamadas de larga distancia- ¡ouch! Fiji, la última vez que lo llamé allá mi cuenta se duplicó 

- Tú ganas, conocí a alguien. 

- Por favor, si llamaste para comentar tu vida amorosa molesta a tu madre, ella estará más de complacida de proveerte de consejos. 

- ¡Padre escucha! ¡No me cortes! 

- Dame un motivo… 

- ¡Alicia desapareció! 

El silencio al otro lado de la línea era sepulcral, y la llamada perdió la lugubridad para pasar al estado de euforia por información. 

- ¿Cuándo? 

- Tres meses atrás 

- ¿Porqué no me lo contraste? 

- ....- no pude contestarle, no es una persona muy llevadera y comprensiva que digamos 

- No importa, ¿Te han tendido alguna trampa? 

- ¿Cómo lo...? 

- Eso no importa, tengo que conversarlo con Sofía y te cuento, ¿Este es tú número? 

- Si 

- ¿Algo más? 

- Si, la persona que conocí... 

- Leo ahora no…- solo me decía leo cuando se sentía en la obligación de protegerme, como cuando era niño 

- Papá, ella también es alfil!!- y yo sólo le decía papá cuando quería que comprendiera que no estaba bromeando 

- Puede ser una coincidencia 

- ¡Y su guardián también desapareció! 

- Entiendo... – el silencio del otro lado de la línea me daba la razón de que en esta ocasión me había tomado en serio 

- Otra cosa – tenía que contarle lo que más me preocupaba antes de que me cortase 

- ¿Qué? 

- Ella puede convocar y salir del limbo a voluntad- lo dije lo más rápido que pude, esa afirmación sonaba casi a paganería para los jugadores. 

- ¿¿Qué??, eso no es posible! 

- Lo sé, por eso quería consultarte, ¿Es posible que esa sea su habilidad? 

- No lo creo, podría ser una sombra... 

- ¿Qué es una sombra? 

- Te explicaré cuando te vea, ahora Leónidas, tengo que dormir 

Y de un segundó a otro estaba escuchando mi propia respiración en mi departamento, no me gustó la forma en la que mi padre mencionó la palabra sombra.

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